Gatos, esas "cosas"

 Parece ser que, al final, este blog se convertirá en mi zona de desahogo personal... tampoco pasa nada, por lo que veo la gente que entra a leer algo es entre cero y ninguna, así que mi gozo en un pozo...

Pero no deja que tenga ganas de escribir... de lo que sea. Y hoy vengo a escribir sobre algo que, me encoge el corazón, y mucho.


Mi gata, Nana, de trece años de edad, será sacrificada el miércoles.

Mi gata, Nana, que apareció de improviso sobre el tejado de la caseta del jardín, maullando, pequeñita, sin saber como había  llegado ahí. Maullando pidiendo comida.

Como a mi los animales, como que los trato de manera diferente... para mi los animales (y hay mucha gente que me comprenderá, pero mucha otra no) son seres vivos racionales, con sentimientos. Con maneras de razonar diferentes a los humanos, si, pero sienten y tienen sentimientos. Y los trato como un igual, como un ser sintiente, como un ser con sentimientos, con mente y espíritu. Como un igual.

No, no trataré a un animal como a un hijo... no le pondré vestidos ni les trataré con pijadas absurdas, dándoles  de comer sobre la mesa con su plato de "bob esponja" a mi lado, ni llevándolos e un carrito de bebé... pero si los trataré con respeto y cariño como si uno más de la familia fuese, sea gato, perro, hámster o un pájaro. Tienen sentimientos, sufren y entienden el cariño. Son animales, si, pero si somos empáticos, los podemos cuidar, no dejarlos fuera en invierno, cuando llueve, o a pleno sol atados con una cuerda días y días.

Yo opino eso, y ahora me duele en el alma el saber que en unos escasos dos días debo llevar a sacrificar a mi gata, mi gata ya mayor, porque lo que tiene no tiene cura...

Nana nunca ha sido demasiado cariñosa... es más, hasta hace poco tiempo, nunca lo fue.

Era bastante suya. Ya dicen que los gatos son bastante suyos, que van a su rollo... en mi vida he tenido tres gatos propios, los cuales puedo decir que eran míos. Cierto que según el gobierno, las mascotas ya no son posesiones... y en cierto modo no las siento así, cuando digo "míos" me refiero a que elos querían estar conmigo, eran míos porque me buscaban a mi.

Mis gatos fueron Chesire, Yogui y Nana, y los tres han cohabitado a la vez.

Chesire fue hija de la gata de mi abuela, gata que ni tenia nombre... era esquiva como ella misma... solo mi abuela podía acercársele. Una gata blanca y negra de pelo corto. No era de raza, ni mucho menos, y siempre estaba al acecho, cazando pájaros y dragoncitos, y asustada todo el rato. Chesire se parecía a ella en carácter.

Chesire era blanca con manchas grises, y nació sola, sin ningún otro hermano. Su madre a los pocos días la aborreció, y i tío y abuela la salvaron dándole paté mezclado con leche. A los pocos meses la madre volvió a quedar embarazada, y esta vez volvió a tener una sola cría, y fue Yogui.

Chesire era una gata totalmente blanca, con ojos azules.  Delgada siempre, asustadiza y nerviosa, Cazadora (como su madre) y muy histérica. Tensa siempre, pero siempre me buscaba a mi. Quería estar conmigo, y era cariñosa, muy cariñosa.

Al verme ronroneaba fuertemente, y me empujaba con la cabeza, envistiendo como un pequeño toro como señal de saludo. Siempre me buscaba, buscaba estar a mi lado, todo el rato.

A veces se ponía a mamar la ropa que llevaba; siempre pensé que me veía como a su madre, la cual de muy pequeña la dejó de lado. Lo hizo hasta siendo muy mayor... puede le quedase una especie de trauma. Son seres sintientes, ¿recuerdas?

Chesire murió de vieja, cuando su cuerpo no pudo más la llevamos al veterinario para terminar con cualquier dolor. Murió un veintiún de diciembre de 2019. Recuerdo que no dijo nada al ponerle la inyección, solo apoyó su cabeza sobre mi mano, para que la acariciase. Ronroneaba.

Yogui, su hermano, era muy diferente a ella. Era un grandullón, un gato grande, blanco completamente, con los ojos también azules, pero enorme. Era un buenazo, uno de esos gatos que se movía a cámara lenta. Perezoso, y para colmo, con una vocecita aguda, casi cómica respecto a lo grande que era. Todo lo contrario a su hermana.

Para colmo, no sabia jugar. Chesire iba con cuidado y no sacaba las uñas... Yogui en cambio siempre arañaba, fuese a su hermana, su madre, yo o con quién jugase. No controlaba sus uñas bien, y siempre terminaba alguien herido (no de gravedad), pero si arañado.

Pero era tranquilo, muy tranquilo. Y cariñoso, my cariñoso. No tanto como Chesire, pero si daba esos empujones con la cabeza, incluso a veces con tanta fuerza que dolía.

Era un perezoso, uno de esos gatos que se pasa el día durmiendo, y cuando no duerme, come. Era casi un peluche, aunque no le gustaba mucho que lo cogiesen en brazos (a Chesire tampoco), pero si acurrucarse cerca de uno.

Yogui también ronroneaba y fuerte. Disfrutaba de estar cerca de nosotros. No era como Chesire, que estaba enamorada de mi y solo me veía a mi, sino que lo era en general.

Luego apareció Nana, una gatita pequeña negra con manchas oscuras, alguna naranja. Pequeñita, una bola de pelo, maullando en el tejado del cobertizo del jardín.

Le dimos de comer... y nunca más se fue. Realmente si se iban, mis gatos nunca han estado encerrados dentro de casa, salían al jardín cuando querían, eran de esos gatos que están sueltos y hacen lo que quieren. Si, se iban a los vecinos (Nana se metía en casa del vecino y se dormía sobre su cama... la echaban a gritos y lanzándole cosas a veces).

Nana se llevaba muy bien con Yogui. Ese gato era un buenazo, siempre pensé que era una especie de mafioso, que parecía una bola de pelo de peluche y cuando no le veíamos hacia tropelías.

Nana se tumbaba con Yogui de muy pequeñita, y de mayor también. Estaban mucho juntos.

Chesire era más independiente. No se juntaba con su hermano demasiado (recuerdo que no sabia jugar el gato... era motivo para no acercarse demasiado) y con Nana... cada una iba a la suya.

Yogui murió de mayor un dos de diciembre de 2017, con reuma y con problemas en las articulaciones. Lo llevamos al veterinario para que no sufriera más. Recuerdo que en el momento de ponerle la inyección no dijo nada, solo levantó la cabeza y me miró, como diciendo un "gracias" por no hacerlo sufrir más.

Nana era un espíritu libre, y no tenía los genes ni de Chesire ni de Yogui. Se parecía un poco a éste, pero no era su hija... tanto Yogui como Chesire, siendo muy jóvenes fueron castrados por no tener problemas, tanto con ellos como los gatos de los vecinos (que alguno hay, pero cada vez menos).

Nana no era cariñosa, y estaba más tiempo fuera de casa que dentro. Solo aparecía para comer.

Con los años se fue amansando un poco, lo mismo que como la madre de Chesire y Yogui, que la pobre no tenia nombre. "Gata" la llamábamos.

Cada vez entraba más en casa, y cada vez se dejaba tocar más. No era ni Chesire ni Yogui, pero si se dejaba acariciar.

Poco a poco reclamó un sillón del salón como suyo, y se dormía encima a veces (le pusimos una toalla, así no ensuciaba el sillón y mantenía su olor).

Parecía todo ir bien. Nana cada vez era más "doméstica", y se llevaba bien con Indy, mi perro Border Collie y con Wendy, nuestra perrita que tanto y tanto nos quería (otro día hablaremos de los perros).

Hasta que, un día la vi babear. Pero babear mucho... como si de un Bulldog se tratara. Me extrañó, pero no le di demasiada importancia. En casa tampoco se la dieron.

Pasó el tiempo y ella seguía babeando... empezó a preocuparme, pero en casa decían que no era nada, que no me preocupase más.

Saltaron las alarmas cuando pasado mucho tiempo después empezó a babear sangre. No sangre roja muy viva, sino sangre sucia, marrón. Puede ni siquiera fuese sangre; mi gata siempre fue algo especial con la comida, el plato no debía tener restos, y comer siempre lo mismo no le gustaba... e íbamos intercambiando cosas. Paté, bolas de carne, gelatina, sobres con tiras de carne... todo con intermedios de pienso para gatos, pero nunca lo mismo.

Esa temporada comía paté, así que podía ser el mismo paté... peor no lo parecía. En casa ya empezaron a preocuparse, y la llevamos al veterinario.

Al parecer tenia debajo de la lengua una herida, un agujero enorme que no tenia sentido. "un hilo, o algo puede haberse enganchado" dijo la veterinaria. No quedó claro, pero la medicó.

Al cabo de una semana la gata seguía babeando, cada vez más, pero un día nos asustó. Esta vez si babeó sangre lívida, roja intensa.
Al día siguiente corriendo a urgencias de la veterinaria. Nada, no tenía nada, incluso la herida de debajo de la lengua parecía mejorar. Por si acaso, tomó unas muestras de sangre para analizar si había restos de algún tumor o cáncer (los animales mayores son propensos), y la posición de las heridas parecían por edad y por causa, ser eso, un tumor; pero como estaban no daban esa impresión. "Sigue pareciendo que algo provocó la herida, o un grano de pienso o lago que se quedase encajado ahí" nos dijo.

Cambio de medicación, esta vez gotas cada día en la boca de Nana (hasta ahora habia sido una inyección).

Parecía mejorar... bueno, de ánimos. Se la veía más activa, pero esa baba no desaparecía. No parecía aumentar, pero tampoco disminuía.

Una semana más y la llevamos a revisión. Había adelgazado un poco (menos de medio kilo) pero esta vez la veterinaria se asustó. "Tiene parte de la lengua necrosada, y ladeada" y le encontró un bulto en la garganta. "Esto ya tiene mala pinta, pero ha avanzado en muy poco tiempo".

Podía ser tiroides (los gatos mayores pueden sufrirlo) pero lo que estaba sufriendo Nana no eran síntomas... ya parecía lo que en un principio habíamos descartado: un tumor.

"El tratamiento normal sería cortar parte de la lengua, pero esta gata es muy mayor... le haremos más mal que bien" no dijo. Y estoy más que de acuerdo. "Mejor la pongamos en cuidados paliativos, y cuando veáis que no come... un animal si deja de comer es que sufre".

Así que nos la llevamos a casa, y en menos de una semana, Nana no puede comer. No es que no quiera, es que no puede comer.

Le damos paté, paté remojado con leche, pienso mojado con leche, tiras de jamón york... lo que se nos ocurra que pueda gustarle... pero intenta comer, y no puede.

Ella misma se enfada y se araña la lengua. Ver eso se te encoge el corazón.

Y luego viene, empujando con la cabeza y maullando como puede, pidiendo con esos ojos cada vez ás apagados algo de comer... pero le des lo que le des no lo come, lo intenta pero no puede.

Y luego la ves, sucia, mojada con la baba, con el pelo reseco y duro por las babas resecas en la barbilla, cuello y patas, y justo en una zona de la cola en donde apoya la cabeza para dormir.

Cuando intentaba comer, ponía más por el suelo o sobre ella misma que no comía. La boca no le funcionaba, o no le permitía morder. La lengua, la lengua la tenia torcida e hinchada. Los medicamentos de la veterinaria la deshincharon un poco, pero no la curaron.

Y ella seguía comiendo con la patita. Siempre lo ha hecho. Con la patita cogía el alimento y se lo llevaba a la boca. "Eso es motivo de alarma, los gatos suelen hacer eso cuando tienen problemas en la boca" nos dijo la veterinaria. nana lo hizo siempre, desde el primer día que apareció en casa.

Y ahora se m,e parte el alma verla que pide comida, cada vez está más débil, pero no puede comer nada de lo que le damos, nada. Intentamos con todo lo que se nos ocurre, pero nada. Intenta dar un mordisco y lo deja, se va lejos com o si huyera del dolor que siente, pero al poco vuelve, e intenta maullar pidiendo alimento.

Así que, he decidido que no sufra más. Una de esas decisiones que cuestan tomarlas. Me has costado, y me sigue costando el admitir que, en unos días, Nana ya no estará aqui, maullando pidiendo comida, o empujándome con su cabecita en la pierna, pidiendo que le rasque en la barbilla.

Nana irá a ver a Chesire y a Yogui, y se tumbará junto a éste como hacia, y se dormirán juntos, ronroneando como hacían. Y se darán calor. mutuamente. Y se acabará el dolor.


Descansa Nana. Saluda a Yogui y Chesire de mi parte. Los hecho mucho de menos, y te hecho de menos a ti también.


- Xisco T. Bauzà.

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