Smile (2022) + Smile 2 (2024)


Cuando estas convaleciente (y en mi caso por dar una simple patada a un sillón... relegándome a estar casi un mes de baja y sin poder caminar mucho ni estar demasiado rato de pie sin estar luego viendo la vía láctea con microscopio, y eso que solo me rompí la quinta falange del pie derecho... si, el meñique) y quieres pasar el rato te pueden pasar por la cabeza mil cosas, sobretodo cuando no puedes moverte demasiado. Leer, ver alguna serie, alguna peli... jugar videojuegos... poco más para no morir de asco estando tumbado con el pie sobre un cojín.

Me dio por ver algo de terror, ya que; justamente en las recientes vacaciones de verano mi intento por ver alguna cosa decente (para mi) me dejo bastante mal sabor de boca...

Empece con "Lifeforce: Fuerza Vital", una peli de Tobe Hooper de 1985, recomendada por el "Señor N". - "Es un ejemplo de esos peliculones de los ochenta, ¡y con música de Henry Mancini!" me dijo para incitarme a verla.

Accedí... y me arrepentí. Si, es un claro ejemplo de los 80... de las películas malas de esa época. Tobe Hopper, director hoy reconocido, nos trajo una película argumentalmente ya no pobre y obtusa, con unas actuaciones exageradas e histriónicas (con ojo, Patrick Stewart haciendo un muy, muy mal papel), que cuenta con unos efectos especiales brutalmente preciosos y conseguidos, una música de Mancini (que no toda porque, por problemas de producción dejó inacabada la obra, finiquitándola, ojo, Michael Kamen, lo más alejado de Mancini posible... pero que hace buen trabajo "sonando" a Mancini) pero que en lo demás es una peste de niveles estratosféricos. Horrible es poco, pero terminé de verla, si eso se pede llamar "final" (si la has visto sabes a que me refiero).

No obstante, seguía con ganas de terror... y vi que recuperaron en Amazon Prime una obra que, ya hace bastante me llamo la atención y la puse en mi lista de visionado sin poder llegar a verla porque la quitaron del servicio, por suerte solo por una temporada... "Smile", de Parker Finn.

Cuando esta película llegó a los cines en 2022 lo hizo sin grandes fuegos artificiales, pero consiguió remarcar y clavarse en la cabeza del espectador gracias a un miedo sutil y a veces, enfermizo que iba más allá del simple susto de manual. Parker Finn debutaba en la dirección de largometrajes (tras dos cortometrajes de terror) con una historia (si, también se encargó del guión) en apariencia sencilla: una terapeuta que presencia un suicidio brutal en su consulta y que, desde ese momento, empieza a experimentar una cadena de sucesos extraños que desdibujan la frontera entre lo psicológico y lo sobrenatural. El rodaje tuvo lugar en Nueva Jersey, en hospitales reales y antiguos edificios industriales que aportaron al film un aire áspero y tangible, nada de decorados artificiales o "chromas" que limpian demasiado la imagen y la hacen falsa a la legua. Esa textura realista fue acompañada de un trabajo de efectos prácticos a cargo de "Amalgamated Dynamics", los mismos que llevan décadas dándole vida a criaturas en Hollywood, lo que ayudó a que el terror se sintiera más orgánico, menos digital. También hay que decir que el presupuesto era ajustado... no era un "blockbuster" de Hollywood, con lo que había que idear formas sencillas de mostrar lo que se pretendía mostrar, y mediante planos con una composición medida y un montaje milimetrado, es posible, y aquí lo consiguieron


Terminó de redondear la experiencia la banda sonora de Cristobal Tapia de Veer. El compositor, que ya había dejado su huella en series como "Utopia" o "The White Lotus", eligió un instrumento tan extraño como el daxófono (instrumento musical experimental inventado por Hans Reichel. Se compone de una lengüeta de madera vibrante fijada a un soporte con un micrófono de contacto que se hace sonar con un arco, produciendo una amplia gama de ruidos, graznidos y chirridos.) con ese instrumento consiguió generar esos chillidos y vibraciones inquietantes que parecen provenir de un rincón incómodo del subconsciente. Es un sonido que no se parece a nada conocido, perfecto para una película que busca incomodar en lo invisible. Eso y el uso de sintetizadores y "samplers" de sonido compuso una ambientación oscura y tétrica, incómoda. Muy ambiental (no esperéis "leitmotivs" de ninguna clase) pero que acompaña la acción de manera soberbia. Me recordó al trabajo de Akira Yamaoka para la saga de videojuegos "Silent Hill". Y como guiño perverso, durante los créditos finales suena "Lollipop" de "The Chordettes", ese contraste irónico entre lo dulce y lo siniestro que te deja con la sonrisa torcida.


Pero lo cierto es que, al verla, en muchas, muchas cosas me recordó enormemente al remake americano de "Ringu", "The Ring" ("La Señal") de Gore Verbinski de 2002; - OJO, POSIBLES SPOILER A PARTIR DE ESTE PUNTO - Similitudes que van no solo de la idea central de una maldición que se transmite y condena al que la recibe a una muerte inevitable, sino también por el tono visual y narrativo. Ambas películas comparten ese ritmo pausado, casi hipnótico, que no se precipita hacia el susto fácil (que alguno hay) sino que va cargando la atmósfera poco a poco, con silencios incómodos y planos largos que invitan al espectador a sentir la amenaza antes de verla. Malrollismo constante sin. abusar de sangre, visceras ni escenas violentas (que si, alguna hay). Verbinski en su momento, construyó "The Ring" con una fotografía fría, dominada por azules y verdes desaturados que impregnaban todo de un aire enfermizo, húmedo, casi de pesadilla acuática (y con razón debido al argumento), una producción muy pensada pese a ser un remake de un trabajo japonés (y manteniendo alguna que otra escena calcada), pero ajustándolo y variándolo para acercarlo al público occidental y su cultura, y de una manera muy conseguida; "Smile", aunque no copia ese estilo, sí apuesta por una paleta apagada, hospitalaria, donde predominan los tonos fríos y neutros, reforzando esa sensación de que la vida de los personajes está siendo drenada por algo invisible.


También resulta revelador cómo ambos films articulan su horror alrededor de la investigación de la protagonista. En "The Ring", Naomi Watts, la protagonista debía seguir las pistas de la cinta maldita para entender de dónde provenía la amenaza; en "Smile", Sosie Bacon se enfrenta a su propio descenso psicológico mientras intenta descubrir el patrón de suicidios que la conecta con sus pacientes. En ambos casos, la narrativa se convierte en una cuenta atrás hacia lo inevitable, con una protagonista aislada, incomprendida por quienes la rodean y atrapada en un ciclo de muerte del que apenas hay escapatoria. Incluso el ritmo de revelaciones —con entrevistas, archivos antiguos, y encuentros con testigos marcados por la maldición— recuerda mucho a la progresión de "The Ring". Son muy, muy similares en el orden de las cosas...

Hasta en la manera de concebir el terror físico hay ecos: si Verbinski usaba las imágenes perturbadoras del vídeo maldito de Samara (clavos oxidados, caballos muertos, el pozo, insectos...) para provocar un malestar más sensorial que explícito, Finn opta por sonrisas grotescas y visiones fugaces, jugando con la incomodidad de lo cotidiano deformado. Ambas películas entienden que el horror más eficaz no siempre está en lo monstruoso, sino en lo extraño, lo que se siente fuera de lugar. Eso si, en ambos casos cuando se "muestra" el monstruo, pierden fuelle... más en "Smile" que en "The Ring". Momento de "bajón" que, aunque ocurre en los momentos finales del film, no hace decaer el resto de la obra (por suerte).

- FINAL DE LOS POSIBLES SPOILERS -

Toda una sorpresa para mi descubrir esta obra, y que sea tan parecida en tempos y estilo a "The Ring", una de mis películas favoritas de terror de todos los tiempos (lo sé, no es perfecta, pero es mi placer culpable) han hecho que esta "Smile" con sus sonrisas incomodas se convierta en una de mis obras favoritas del género.

Tanto me impacto que enseguida me puse a ver su segunda entrega, disponible esta vez en SkyShowtime.

La secuela, estrenada en 2024, demuestra que Parker Finn (que repetía en el guión y dirección) no se conformó con repetir la fórmula. "Smile 2" esta vez pone el foco en Skye Riley, interpretada por Naomi Scott, una estrella del pop que intenta volver a los escenarios tras un grave accidente que la dejó apartada de stos durante un año, mientras la maldición del ente sonriente empieza a acosarla. El cambio de registro es evidente: del consultorio y la paranoia íntima pasamos al mundo del espectáculo con luces, giras, pomposidad y fans histéricos. El rodaje se trasladó a Nueva York y al valle del Hudson, y uno de los momentos más comentados es una secuencia que parece sacada de un espectáculo de Beyoncé pasado por un filtro demoníaco: bailarines que se transforman en presencias horribles dentro del apartamento de Skye, un número coreografiado que mezcla espejos, acrobacias y deformidades para crear un delirio visual que se te queda grabado en la mente. Como detalle simpático, Drew Barrymore hace un "cameo" en la película interpretándose a sí misma en su programa de TV, "Drew", rodado en el set real de éste tras recibir una carta personal del director.

En lo musical (siempre voy a tratarlo), Tapia de Veer repite como compositor pero esta vez comparte espacio con la faceta pop del personaje protagonista. Naomi Scott, que también es cantante (su Jasmine en la version de imagen real de "Aladdin" es de las cosas que salvaría de ese film) grabó un EP completo como Skye Riley, su personaje, con canciones que funcionan tanto dentro de la trama como en el mercado real: temas como "Blood on White Satin" o "Grieved You" se publicaron como singles reales reforzando la ilusión de que Riley es una cantante auténtica. Esta mezcla entre la oscuridad del "score" (mismo estilo que la anterior entrega, y personalmente mejor) y la luminosidad artificial del pop da a la película una personalidad distinta, más arriesgada, aunque no siempre equilibrada. La música es parte importante aquí, y así la tratan, con respeto y con la importancia que merece.


Como he dicho antes, las vi seguidas en casa, una detrás de otra y quizá por eso el contraste entre ambas lo noté aún más. La primera me pareció redonda en su sencillez, casi como esa “nueva The Ring” de esta época, mientras que la segunda, aunque ambiciosa y con momentos muy inspirados, me resultó algo inferior, pero como secuela funciona muy, muy bien. Hay un tramo hacia el final, en el hospital, con Riley y su madre que me sacó un poco de la película: en vez de potenciar el clímax, me pareció que perdía parte de la tensión y del tono malsano que tanto me había atrapado en la primera y que esta segunda entrega me seguía dando. También perdía verosimilitud, justamente en ese punto. Luego se recupera, y el final te deja descolocado (como la primera).


Ambas beben mucho de ese rollo malsano de los videojuegos (y la primera película) "Silent Hill", ese rollo psicológico, tratando problemas mentales de una manera que, ademas de incomodar, da importancia a tratarlos. En conjunto, "Smile" y "Smile 2" funcionan casi como dos caras de una misma moneda. La primera es claustrofóbica, directa al estómago y todo mediante pocos recursos; la segunda es expansiva, ambiciosa, con momentos visuales y musicales que rozan lo barroco, tratanto el tema de la fama y la pomposidad y "soberbia" que puede conllevar de una manera brillante. Si la primera nos convenció con su atmósfera malsana y el ingenio de sus sonidos imposibles, la segunda nos invita a una fiesta deforme en la que el miedo se disfraza de videoclip, con momentos onñiricos e idas de olla (literales) constantes. Y aunque quizá no todo el mundo comulgue con ese cambio de tono, lo cierto es que Parker Finn demuestra que no le tiembla el pulso a la hora de arriesgar y eso siempre es de agradecer en un género que tantas veces se queda en lo cómodo.
Pese a que ambas obras tienen un estilo similar, se notas diferentes. Si, la segunda queda un par de peldaños por debajo, también se pierde la sorpresa de la primera... pero cierto que se aleja de ese papel de calcar hacia "The Ring" de Verbinski que tenia la primera y expande de manera coherente lo que nos cuenta la primera, de manera funcional y bastante más "loca".
Ya han anunciado una tercera entrega, y de nuevo Parker Finn al frente de la dirección  y el guión. ¿hacia donde puede llevarnos esta vez? Tengo ganas de verla.


Repito que, sobretodo la primera entrega ha sido todo un descubrimiento, un muy buen descubrimiento.
La segunda tiene su gracia, es potente y sorprende a partes iguales, pero queda ligermente por debajo de la primera (y en un punto... personalmente pierde mucho). No son perfectas, para nada, pero si ambas entran en mi lista de "buenas películas de terror", sobretodo a destacar mucho la primera.
Ahora, a ver quién duerme tras tremendo visionado...

El más popular del reino