Después de cinco meses, he vuelvo al cine. Me cuesta ir... y no voy porque no quiera...
Esta vez sin la compañía del Señor N (por motivos personales no pudo acompañarme esta vez). No, no fui solo. Tuve la compañía de mi tío, al menos durante un buen rato... viendo la película (la mayor parte de ella) tenía al lado un pelele tirado en la butaca roncando... el estar jubilado tiene eso, aunque no entiendo como pudo hacerlo con tremendo estruendo sonoro de la peli...
Esta vez era una visita por nostalgia más que otra cosa. Vuelta a la niñez, un viaje al pasado a esos tiempos en que la única preocupación era el bocata de Nocilla por la tarde y poco más. Un tiempo en que tenia unos muñecotes bastante grandotes con unos músculos tremendamente marcados y exagerados, alguno más feo que el anterior y que enfrentaba a espadazos a un rubiales en taparrabos contra un señor azul con una calavera en el lugar de testa; que aparecían en unos dibujos que mi padre alquilaba de vez en cuando en el videoclub, unos que tenían animaciones repetitivas y toscas cuando no eran rotoscopias, y que como mucho se soltaban algún tortazo en los momentos de acción sin ver realmente al golpe sino un flash en blanco. Y cada capitulo con moraleja explicada al final del episodio, en plan educativo. Y si, en donde el villano era villano porque si y además de tener una voz chillona, a veces era muy, muy tonto que no entendías como ponía en problemas a los héroes de la historia. Una serie que básicamente existía para vender juguetes... y funcionaba, pese a ser más light que el "lore" original de los juguetes, los cuales venían con un "minicomic" que, ahí se acercaban al estilo de las novelas "pulp" de la primera mitad del siglo 20, con épica, misticismo y tecnología fantástica por igual.
Si, hablamos de "He-Man y los Másters del Universo", esos juguetes creados por Mattel que, según las leyendas urbanas, en origen pretendían ser en verdad una adaptación de "Conan el Bárbaro" de Robert E. Howard... aunque de buenas a primeras incluían máquinas, láseres y demás iconografía más sacada del "pulp" de "John Carter" antes que de la prehistoria (también "pulp") de la era del Conan de Cimmeria.
Estos juguetes ya tuvieron una versión cinematográfica en imagen real en 1987 producida por la "Cannon Films" que, personalmente me flipaba (y sigue flipando) y mucho; con ese Skeletor de Frank Langella, más "Shakespiriano" que cercano a la serie de animación original, pero que molaba mil, y un Dolph Lundgren en su linea (un palo con músculos). Película que, en verdad, era más un "Star Wars Clone" que no una adaptación de los juguetes originales o de la serie coetánea de Filmation de 1983. Eso si, el diseño conceptual era del mismísimo dibujante y historietista francés Jean Giraud, universalmente conocido como "Moebius". Realizó bocetos y arte preparatorio para varios de los protagonistas y villanos, incluyendo al propio He-Man y la indumentaria de las tropas de Skeletor, además del inconfundible estilo "sci-fi" surrealista que influyó en la estética general de Eternia en el filme. Sus trazos aportaron un toque más épico y oscuro, alejado de la estética puramente infantil, algo muy elogiado por los fanáticos del cómic y acercándolo aún más al "pulp" de John Carter de Marte pero que desagradó a los niños de entonces por no ser el "He-Man" que conocían de los dibujos de la tele.
Fue un fracaso (por eso, por no parecerse en nada a los originales) y tuvimos que esperar años a que llegasen nuevas adaptaciones... como series de animación. Alguna más acertada que otra.
Hubo comics, bastantes (incluso de Marvel), pero eso es otro cantar...
Sobre series, la más reciente (en 2D), es una continuación directa de la serie de la Filmation original pero con un giro más oscuro (de nuevo, más cercano a esos comics que venían con las figuras) de la mano del guionista y director Kevin Smith, cuya primera temporada ("Revelación") fue duramente criticada por casi no incluir al propio He-man y dotar a Teela el protagonismo casi absoluto del show, cosa que en la segunda entrega ("Revolución") remedió (que no considero un error la elección narrativa de la primera temporada) y fue mejor valorado por los espectadores. Personalmente, lo disfruté muchísimo.
Ahora, de manos de MGM Amazon Studios y del director Travis Knight (remarcable director de películas de animación y de la bastante decente "Bumblebee") nos llega una nueva adaptación en imagen real que pretende ser una historia de inicio previa a la serie de 1983 de animación, si, la aniñada y querida serie vende-muñecos de Mattel que mucha gente aún retiene de su niñez, yo incluido.
Y seré directo y sincero: funciona a medio gas. Y es una completa y absoluta lástima.La película se estrenó en cines el 5 de junio de 2026 con Nicholas Galitzine como el Principe Adam/He-Man (algo sosete, todo hay que decirlo), Camila Mendes como Teela (muy en su línea, pero cumple), Idris Elba como Duncan/Man-At-Arms (muy contenido, todo hay que decirlo) o Jared Leto como Skeletor (y si, aquí lo borda, así que no se me rebelen) entre muchos otros. La crítica online la recoge con una recepción mixta entre positiva de crítica profesional y más entusiasta de público: 68% de "Tomatometer" y 87% de "Popcornmeter" hasta el momento. Que gusta, vamos.
Visualmente, la película parece construida sobre una idea clara: cada plano podría ser un póster, juguete o viñeta de cómic. Eso puede sonar peyorativo, pero en una adaptación de Mattel es casi una declaración estética. La dirección de Travis Knight, que ya venía de demostrar en "Bumblebee" que sabía trabajar con iconografía nostálgica sin plastificarla del todo, apuesta aquí por una puesta en escena frontal, brillante y muy legible.
El diseño de Eternia es una maravilla. No busca una ciencia ficción limpia sino una mezcla de espada y brujería, tecnología retrofuturista y arquitectura de templo imposible. Se recupera esa estética del dibujo animado de 1983 colorida pero acercándolo a la realidad (y a la utilidad real). La película hereda el ADN de la serie animada de los 80 pero lo filtra por una estética realista pero sin perder esencia: superficies metálicas pero sucias, energía mágica por doquier, colores brillantes, cielos saturados y una escala monumental que convierte cada localización en una especie de diorama sagrado que, los que recordamos la serie original o los juguetes, no pararemos de sonreír durante el visionado de tremendas imágenes.
El director de fotografía acreditado es Fabian Wagner, y el diseño de producción corrió a cargo de Guy Hendrix Dyas, dos nombres importantes para entender el acabado: Wagner aporta una iluminación de gran contraste y Dyas una construcción de mundo más cercana al “mito fabricado” que al realismo total, pero que ambos hacen que el acabado final sea soberbio. Visualmente mola mucho.
La película no oculta su artificialidad, la presume. En lugar de suavizar los diseños para que parezcan “adultos”, mantiene siluetas reconocibles: armaduras exageradas, cascos, hombreras, espadas, villanos con geometría agresiva. Es cine de formas más que de texturas. Skeletor, por ejemplo, funciona porque su presencia no depende solo del maquillaje o los efectos, sino de una silueta inmediatamente identificable: la calavera, su capucha morada, su cetro con cabeza de carnero y su teatralidad.
La cámara suele tratar las transformaciones y entradas heroicas como momentos litúrgicos. Cuando Adam se aproxima al mito de He-Man, la puesta en escena se ensancha: contrapicados, brillos por doquier, cámara lenta sobresaturada (no al nivel de Zack Snyder) y una música que se te mete en las entrañas. Es el tipo de cine que no susurra “ha llegado el héroe”, sino que abre las compuertas del órgano cósmico y te lo lanza a la cara, y tú como espectador sonríes de placer a la vez que te vienen imágenes de cuando jugabas con esos muñecotes en el jardín, haciendo esos sonidos con la boca simulando choques de espadas épicos que, solamente a ti se te ocurrían y que hacían a tus padres sacar una sonrisilla de afecto.
Uno de los aciertos es que Eternia no parece un planeta, sino una zona mitológica habitada. Eso encaja con la franquicia: los "Másters del Universo" siempre ha sido un collage entre bárbaros, magos, robots, monstruos y tecnología imposible. La película parece consciente de que esa mezcla solo funciona si se acepta su rareza, y cuanto más color, mejor. Frente al gris industrial de tantas franquicias modernas, aquí hay una paleta más atrevida: dorados heroicos, violetas villanescos, verdes energéticos, azules eléctricos. La imagen busca un punto de “dibujo animado épico”: no copia la animación pero conserva su gramática de contraste fuerte y lectura inmediata.
Cuando mejor funciona, el film parece una portada de VHS que ha recibido presupuesto de superproducción (que lo ha hecho, 200 milloncejos). Cuando peor funciona, esa misma exuberancia puede rozar la saturación, con planos demasiado cargados de información visual. Pero incluso ahí hay una coherencia: la película quiere ser abundante, barroca, un buffet de rayos, bestias y escombros por doquier.
Y pasemos a lo que más me ha gustado, el gran corazón sensorial de la película: la música. La partitura es de Daniel Pemberton, compositor especialmente dúctil en varios géneros, capaz de saltar de lo electrónico a lo orquestal con mucha personalidad y en un altísimo nivel. Aquí Pemberton no parece buscar una música “moderna” en el sentido neutro del término, busca una música con pecho rasurado, aceite, espada y brujería, y por que no, metal.
La referencia más jugosa es "Queen" y su "Flash Gordon" (1980). Travis Knight, el director, ha explicado que "Flash Gordon" fue un punto de referencia musical importante, por su alegría, teatralidad y escala operística. Esa influencia se vuelve explícita con la participación de Brian May en la banda sonora, que toca la totalidad de los "solos" y "rifts" de guitarra que se pueden oír durante el film (y el álbum de la banda sonora).
No es un simple cameo musical, es una declaración de intenciones. Brian May trae consigo una genealogía completa de fantasía rockera: el ya nombrado "Flash Gordon", algunos temas adicionales de "Los Inmortales" o algunas entregas de "Mad Max", guitarras que suenan a relámpago con melena. May grabó con su famosa "Red Special", y Pemberton llegó a comparar esa guitarra con una especie de equivalente musical de la Espada de Poder.
Pemberton describió “Eternia” (el tema principal de la película) como una mezcla de "rock duro" con color y estética "camp" con cierto sabor "euro-pop", pensada para avisar al público desde el inicio de que la película quiere ser descaradamente divertida. Y esa es la clave: la música no ironiza a He-Man y su grupo, lo engrandece. En vez de decir “sí, sabemos que esto es ridículo”, en su lugar nos dice “sí, esto es ridículo y por eso vamos a tocarlo como si estuviéramos coronando a un dios”.
La banda sonora trabaja en tres direcciones:
Épica heroica: Orquesta con metales, percusión, coros y progresiones ascendentes para Eternia y sus héroes. Una música cercana a los clásicos épicos y de una calidad brutal. Pemberton se supera aquí.
Fantasía ochentera: sintetizadores, guitarras eléctricas y una energía melódica que conecta con la cultura pop original (los 80 de verdad, sino recordad "Lady Halcón"). Pemberton juguetón, y funciona.
Estética "camp" controlada ("camp" es un estilo teatral, exagerado y conscientemente artificial): música que acepta lo excesivo sin convertirlo en parodia. Y de verdad, funciona.
Destaca precisamente esa combinación de orquesta épica, sonido ochentero y ese rock de Brian May, calificando el tema principal ("Eternia") como uno de los puntos fuertes del score.
La película tiene un reto complicado: convertir una línea de juguetes en drama cinematográfico sin aplastar su encanto. Su mejor estrategia es tratar los elementos más absurdos con seriedad emocional, pero no con gravedad solemne.
Esto se nota en los personajes secundarios y criaturas. Fisto, Roboto, Man-At-Arms, Evil-Lyn o la Hechicera no aparecen como guiños vergonzantes sino como piezas de un tapiz delirante que la película decide asumir. Gracioso que esos estrafalarios nombres, según la película, sean apodos que el propio Príncipe Adam se haya inventado de niño. El film incorpora versiones "live-action" de varios personajes clásicos sin que parezcan una parodia, respetando el diseño original de los juguetes, y eso mola y mucho.
La puesta en escena, por tanto, no intenta “normalizar” Eternia, intenta que la aceptemos como una ópera pop, tal como hizo "Flash Gordon" en su película de los 80. El error habría sido convertir a los "Másters del Universo" en fantasía genérica con diseños oscuros actuales (un poco como pasó con las primeras películas de los "X-Men"). La película, con sus altibajos, conserva el sabor a franquicia rarísima: bárbaros con tecnología láser, magia ancestral, robots, esqueletos parlantes y nombres que parecen inventados por un niño hiperactivo con una caja de rotuladores, y eso es la esencia de los "Másters del Universo", un mundo bizarro pero con historia y lore, con carisma y sobretodo, con nostalgia de los que tenemos de cuarenta a cincuenta años. Son nuestra niñez.
Y pasemos a lo divertido... o no tanto.
Uno es la referencia al famoso vídeo viral de He-Man cantando “What’s Up?” de 4 Non Blondes.
Lo interesante es que no es solo una broma para internet. Es un puente generacional. Para muchos espectadores jóvenes o millennial tardíos, He-Man entró antes por el "meme" que por la serie original o los juguetes. La película reconoce esa vía de entrada y la integra en su propia mitología pop. No solo se homenajea a Filmation, también se homenajea a YouTube. Y hay que decirlo... la película no atraerá demasiado a la gente joven... He-man y demás personajes son para los cuarentones/cincuentones que vivimos los 80 del siglo pasado, la gente joven no sabe de donde salen estos personajes... ni que son realmente.
También tenemos guiños a la película de la "Cannon" de los 80, incluido un Dolph Lundgren (el He-Man de 1987) soltando un "me has quitado el sitio" y culminando con ese "buen destino" (y el gesto con la mano) que, personalmente, casi me saca una lagrimita.
Donde la película más brilla es en su coherencia sensorial. Puede tener problemas de guion (lo dicho, algunos diálogos son pobres... y cuando pretenden ser de humor, no llegan al nivel requerido), exceso de exposición o mucha, mucha dependencia de la nostalgia, pero imagen y sonido parecen dirigirse hacia el mismo castillo: una fantasía heroica, colorista, musculada y musicalmente desatada.
El diseño visual nos dice “esto es un mito pop”.
La música responde: “entonces déjame meter una guitarra de Brian May a la vez que suene épico con coros”.
Ese binomio es lo que salva a la película de convertirse en un simple reinicio de IP. No siempre alcanza la grandeza cinematográfica pero sí tiene identidad, y en el actual cementerio de "blockbusters intercambiables" de Hollywood, eso ya es una pequeña victoria de Eternia, aunque pinta mal...
Esta película es más potente como experiencia audiovisual que como pieza narrativa pura. Su verdadera historia no está solo en Adam recuperando la Espada de Poder y convertirse por primera vez en "He-Man" (ese apodo que se da a sí mismo), sino en una película intentando recuperar una forma de fantasía popular descarada: grande, brillante, musical, algo hortera y siendo orgullosa de serlo. Se abraza al juguete como icono, y su música, con Daniel Pemberton y Brian May al cargo, entiende que He-Man no necesita pedir permiso para ser épico, se convierte en una ceremonia mítica a disfrutar.
No es una película fina. Es una espada levantada bajo luces de neón en un castillo en ruinas. Por momentos eso basta para que Eternia vuelva a respirar, pero para la gente joven de hoy en día eso tiene una palabra: "Cringe".





