Frankenstein (2025)




Antes de nada, debo sincerarme... tengo que reconocer que a mí, "Frankenstein o el Moderno Prometeo" de Mary Shelley nunca ha sido de esas historias que me hayan atraído en demasía... no, no he leído el libro "aún"... sí, entre comillas, y mira que lo tengo por casa y en varias ediciones, pero pondré remedio a eso pronto, estoy en una fase de lectura maniática de libros en papel (y eso que tengo un ebook y es mucho más cómodo su lectura, y más barato el pillar libros...) es un chispazo que me ha dado recientemente el volver al papel y disfrutar, literalmente y sin correr, de la lectura. Y de mi género favorito ademas, por supuesto: el gótico, el misterio y el terror. Volviendo a "Frankenstein", esta vez en el cine, es una historia que siempre me ha dado mucha pena, y este tipo de historias no me suele atraer demasiado y suelo "obviarlas", ya que, para tristeza la que puebla nuestro día a día... no necesito más cuando pretendo "desconectar" un rato en otros mundos...


Es un dramón, uno de esos que no esperas ya que la disfrazaban de película de terror cuando en verdad era una lacrimógena y muy, muy triste... o al menos siempre me lo ha parecido.

Guillermo del Toro anunció hace ya bastante que, gracias a Netflix, iba a dirigir y producir al fin (llevaba años diciendo que deseaba hacerla, que era uno de sus sueños de toda la vida, lo mismo que con “Las Montañas de la Locura" de Lovecraft, pero esa no ha tenido tanta suerte... aún) una nueva revisión del clásico gótico de Mary Shelley, una revisión con algunos cambios (aunque siendo la misma historia de siempre) y en el fondo, en ideales es muy fiel al mensaje del libro original.


Lo confieso: después de años de oír rumores, cambios de estudio y silencios inquietantes, leer que Del Toro ("Totoro" como le llamaba la pequeña Mana Ashida en "Pacific Rim”, incapaz de pronunciar bien su nombre), el maestro de los monstruos por fin ha dado vida (literalmente) a su criatura soñada, y lo ha hecho con ese estilo tan suyo, mezcla de poesía gótica, visualmente preciosa y una ternura en la narrativa que podría hacer llorar a un "xenomorfo" en el espacio que "no puede oír tus gritos", me dio unas tremendas ganas de verla que no sabia como aguantar hasta el día de su estreno. Y es que esta no es una simple nueva adaptación del clásico de Mary Shelley; es el "crossover espiritual entre el horror romántico y el cine de autor fantástico que nunca supimos que necesitábamos".


Guillermo del Toro se lanza aquí a reinterpretar el mito fundacional de la ciencia ficción moderna con su sensibilidad habitual por los marginados, las criaturas incomprendidas y los amores imposibles. Y aunque el hype era descomunal (los seguidores del director, y sobre todo los fans de "La Cumbre Escarlata" y "La forma del Agua" llevábamos afilando el bisturí desde 2020), el resultado no solo cumple con creces: resucita el mito con una belleza y potencia emocional que hace que las versiones anteriores parezcan versiones simplificadas del original literario (y eso que la de Branagh de 1994 es más cercana al texto pero no en la parte visual que no esta nueva "iteración" de Del Toro). Si James Whale creó al monstruo clásico y la estética de éste que todos llevamos en la cabeza (y es completamente diferente a cómo lo describen en el libro original) y Kenneth Branagh hizo su versión "operística" y teatral del mito, con un brutal Robert de Niro; Del Toro entrega un Frankenstein melancólico, artesanal y profundamente humano. Si Mary Shelley estuviese entre nosotros hoy, seguramente lo aplaudiría desde la platea gritando: “¡Por fin alguien lo entiende como yo pretendía!”.

Y sí, hay electricidad, rayos, carne, sangre y un laboratorio de esos que sabes que en la realidad no es funcional, pero que en pantalla se ve majestuoso e intimidante, pero aquí la verdadera chispa no está en las máquinas, ni en los momentos sangrientos (que hay, pocos pero están), sino en los ojos de los personajes, sus gestos y sus palabras.




Sin entrar en terreno de spoilers... aunque podría, es ya cultura popular al igual que "Drácula" de Stoker, aunque trangiverse la trama el colectivo, la película sigue el espíritu del texto original con cambios menores: un científico obsesionado con trascender los límites de la vida y la muerte crea un ser que no debería existir. Pero aquí Del Toro da un nuevo latido al mito, trasladándolo a un contexto más ambiguo y emocionalmente denso. Su "Moderno Prometeo" no solo cuestiona qué significa ser humano; pregunta por qué queremos serlo, además de criticar la naturaleza humana de la destrucción y del afán de ser superiores, la soberbia, del perdón y del nacimiento y cuidado de los seres que queremos. De la bondad del hombre y de su descuido de ésta. De la mentalidad humana en general.


El guion, del propio Del Toro, combina filosofía existencial y emoción pura. La narrativa fluye con la cadencia de un cuento oscuro, con momentos de lirismo que te dejan sin aliento y otros en los que sientes un escalofrío digno del mejor terror gótico. Hay ritmo, lento sí, no de "blockbuster" moderno con "sustos de bu" como yo los llamo: es un tempo de respiración, de mirada, de reflexión. Cada diálogo tiene peso, cada gesto, cada silencio habla más que mil experimentos fallidos. Es un ritmo de otra época y se toma su tiempo en avanzar. Nunca para, pero no esperéis un videoclip ni un montaje a lo "Michael Bay". Aquí se avanza lento, muy al estilo casi de Sergio Leone... despacio. Eso ahuyentará a mucha, mucha gente (sobretodo a la más joven), ya lo oigo... "es aburrida", "es muy lenta"... ¡vuélvete a tu TikTok, majadero!.


Y los actores. Oscar Isaac está titánico como el Doctor Victor Frankenstein: su interpretación combina la arrogancia del científico con una culpa que lo devora lentamente. Es un hombre que mira al abismo y se enamora de su reflejo. Frente a él, el Monstruo, interpretado por Jacob Elordi, es una obra maestra de contención y tragedia: más criatura "shakesperiana" que engendro. Su voz, su mirada perdida, sus movimientos entre torpes y delicados como un niño casi recién nacido... cada plano te recuerda que este “monstruo” es el más humano de todos, y el diseño de su "disfraz", más cercano al del libro que hemos tenido jamás. Mia Goth, como Elizabeth (y como Claire, la madre de Victor. ¡Sorpresa si no te diste cuenta!) brilla como nunca: no es la víctima pasiva de otras adaptaciones, sino una presencia magnética, lúcida y esencial para el equilibrio emocional del relato, la cual siente empatía y dolor por la criatura (no "romance" como muchos dicen por ahí...). Y Felix Kammerer, en un papel secundario pero crucial como el hermano y testigo moral de Victor, su hermano pequeño William, pone el broche con una calidez que equilibra la oscuridad circundante. Por último, Christoph Waltz como Harlander, mecenas de Victor Frankenstein, está como suele estar este actor, soberbio.




Los temas que atraviesan la cinta (la culpa, la paternidad, la identidad, la soledad) se entrelazan como cables chispeantes en una máquina imposible. Si "Blade Runner" preguntaba qué significa ser humano, este "Frankenstein" responde: “significa sufrir, amar, crear y perdonar… incluso cuando duele”.

Guillermo del Toro vuelve a demostrar que, cuando se trata de escenografía y de creación de mundos, juega en otra liga. La dirección es meticulosa, obsesiva, pero nunca fría. Cada plano parece una pintura prerrafaelita en movimiento. La fotografía de Dan Laustsen (colaborador ya habitual de Del Toro) merece todos los premios habidos y por haber. Pura poesía visual que hace que cada plano sea literalmente un cuadro para enmarcar. La luz, los encuadres, los movimientos de cámara... Preciosa es quedarse corto, y aunque parezca mentira, "llena de vida". He leído por ahí que les parece "pobre y al nivel de teleserie cutre"... lo dicho más arriba... "¡vuélvete a tu TikTok, majadero!".


El diseño de producción es un festín. Los laboratorios son mecánicamente imposibles pero emocionalmente coherentes; las mansiones góticas respiran humedad y decadencia; y la criatura, diseñada con maquillaje y prótesis es un milagro de texturas y expresividad (ayudada por el buen hacer de Jacob Elordi). No hay demasiada saturación digital: hay artesanía, hay mimo, y es algo que Del Toro suele cuidar al milímetro. Sí, hay CGI y se nota, pero está bien mezclado (o "agitado") con efectos prácticos y entornos. En definitiva, la parte visual está muy, muy cuidada, que se mueve entre el "cyberpunk", el cómic y el realismo, algo que nos tiene acostumbrados Del Toro en sus producciones.


El montaje de Bernat Vilaplana (otro habitual del universo "deltoriano") sabe cuándo dejar respirar una mirada y cuándo golpear con una elipsis precisa. Del Toro se da el lujo de, como bien he dicho más arriba, no correr: la historia se cuece a fuego lento, como una pócima alquímica. No hay pereza narrativa, sino confianza en la imagen. Y sí, los movimientos de cámara y las composiciones visuales son memorables (comentado ya más arriba). Y ojo, porque hay escenas que rozan lo sublime y no peca con lo que muchos esperarían de esta nueva adaptación. Del Toro no busca el susto, busca el estremecimiento del alma. Busca el sentimiento.


Y la música no queda atrás. Alexandre Desplat compone una partitura que no busca protagonismo, sino acompañar el pulso emocional de la historia. No hay un “tema principal” que tararees al terminar de ver la película (no estamos en modo "John Williams Activated"), pero cada pieza encaja como engranaje de una maquinaria sonora perfectamente calibrada. El sonido del viento en los pasillos, el chasquido de la electricidad, el latido casi inaudible del cuerpo del Monstruo… todo está diseñado con un refinamiento quirúrgico y Desplat no se queda atrás, con el uso de cuerdas constantes y omnipresentes, con una sonoridad de otra época y abusando de valses por doquier, logrando una atmósfera entre lo sagrado y lo fúnebre. Si esta película fuera un disco de vinilo, sería uno de esos que escuchas a oscuras, lloviendo, con una copa de vino y la melancolía en modo “hardcore on”.


Y lo dicho, aunque no haya temas memorables que sobrevivan al visionado (nadie va a silbar el "Tema de Frankenstein" en la ducha), la música cumple su propósito: hacerte sentir. En el lenguaje del cine, y más hoy en día, eso es una victoria total.




Del Toro, fiel a su ADN "geek", además llena la película de pequeños tesoros escondidos. Hay homenajes visuales (inconscientes o no) a la versión de 1931 y su "secuela", "La novia de Frankenstein" de 1935, guiños al cine expresionista alemán y hasta un par de planos que llevan a la memoria al "Nosferatu" de Murnau. Pero también hay sorpresas modernas: cameos fugaces de Burn Gorman y demás habituales de Del Toro, como por supuesto, de su amiguete Santiago Segura; citas textuales del libro de Shelley en varias escenas clave (no podía ser menos) y algún detalle tan metacinematográfico que hará que a los fans del propio Del Toro les aparezca una sonrisa cómplice viendo "cositas" que parecen llegadas de anteriores producciones del propio director.


Además, el propio laboratorio del doctor parece una fusión entre la ingeniería de "La forma del Agua" y la tecnología retro del videojuego "Bioshock". Hay incluso una escena que recuerda (y de forma muy "deltoriana") a un nivel del videojuego "Bloodborne", con ese tono de horror elegante y triste a la vez. Del Toro no hace referencias gratuitas: las integra en su universo coherente, creando una red de símbolos que conecta su filmografía entera como si fuera su propio "Del Toro Cinematic Universe".


Esto no es solo una película: es una declaración de amor al cine, al arte y a la humanidad doliente. Es Del Toro en estado puro, pero también en estado maduro. Logra equilibrar su pasión por lo visual con un guion sólido y una emoción sincera. Sí, algunos espectadores impacientes podrían quejarse de su ritmo pausado, o de que no hay “sustos” en el sentido clásico, pero eso sería juzgar un poema como si fuera un tráiler de TikTok.




Entre sus puntos fuertes destacan las interpretaciones magistrales, la dirección precisa, la fotografía que roza la pintura y una banda sonora que, sin ser pegadiza, funciona en el subconsciente y hace lo que debe hacer, "hacernos sentir". Lo más flojo, quizás, sea cierta tendencia al exceso estético en el último acto, donde el drama roza lo operístico (aunque, francamente, ¡bendita ópera visual!).

Si eres fan de Del Toro, esto es tu chute emocional que necesitabas, si solo buscas terror, aquí no lo encontrarás, y si eres un friki del cine gótico, prepárate para tu nueva religión.


En resumen, estamos ante una joya melancólica, una resurrección artística del mito y una carta de amor a todos los monstruos que llevamos dentro. Porque, por desgracia, hay personas que actúan como monstruos, y monstruos que actúan como personas...




Como colofón final, añado un comentario que leí en "X", y me parece muy acertado en todo (gracias a su autora, Kelly Towerss por compartirlo):

"Esta película es una obra de arte, deja el mensaje de que todos los seres vivos merecen bondad y empatía, independientemente de su origen o como luzcan, ya que lo que otros perciben como monstruoso y obsceno es simplemente existencia para otro.

Que la vida está llena de ciclos que parecen crueles y odiosos, pero su inevitabilidad es la esencia misma de la naturaleza, que es a partes iguales hermosa e injusta. Aunque algunos ciclos son el resultado de decisiones humanas, tanto buenas como malas, y esos ciclos pueden romperse. No tienes que perdonar a tu padre por el dolor que te infligió, el cual él mismo experimentó de su propio padre, pero puedes perdonarlo por su pecado de crearte. Que puedes ayudar a extraños a cambiar su rumbo y regresar a casa, que puedes caminar sobre la nieve y sentir el calor del sol de la mañana en tu rostro, pero sobretodo que PUEDES ELEGIR VIVIR."

It (2017) + It: Capítulo 2 (2019)



Hay películas que llegan como un globo rojo flotando... estáticos, a media altura y suavemente, sin mecerse a cada golpe de viento: intuyes que algo pasa, algo raro, y que si lo sigues… es muy posible que no lo pases muy bien. "It" (2017), dirigida por Andy Muschietti, no fue solo una nueva adaptación de la obra monumental de Stephen King, sino que se convirtió en un fenómeno cultural que devolvió el terror a la gran pantalla como evento colectivo. Dos años más tarde, "It: Capítulo Dos" cerró el círculo, completando una bilogía que debe verse como un todo, con sus altibajos, logró algo que parecía difícil: reinterpretar uno de los relatos más icónicos del terror moderno y hacerlo funcionar tanto para fans veteranos como para nuevas generaciones.



La primera entrega la vi hace mucho, en su estreno (y bien acompañado)... casi han pasado diez años. La segunda la vi ya en VOD (no recuerdo en que servicio, ni cuando ni como exactamente). Recientemente me ha dado por revisionarlas... y tras ver la primera no he podido contenerme y he tenido que ver la segunda seguida (HBO, gracias), y mantengo mis opiniones de hace diez años (casi). Aguantan el tipo y, sobretodo la primera entrega, es un peliculón.

Cuando en su momento, se anunció el proyecto muchos (y me incluyo) levantamos una ceja al estilo de Spock. La sombra de la miniserie de 1990 con Tim Curry interpretando a un histriónico Pennywise marcando época era alargada (y eso que no es de mis favoritas, pero reconozco que marcó a mucha gente) y sobretodo, adaptar un libro de más de mil páginas lleno de saltos temporales, muchos personajes con historias corales o íntimas, abusos con momentos inadecuados (ejem... esa "orgía" que menos mal han obviado en cada adaptación...), horrores metafísicos o momentos muy cerebrales para ser una simple historia de terror, parecía algo de adaptar como intentar pasarse el videojuego "Dark Souls" solo usando los pies (y los jugones saben de lo que hablo). Pero no, Muschietti y su equipo, con una mezcla de respeto absoluto y espíritu renovador construyeron un díptico que no solo funcionó en lo que a "sustos" se trata, sino que emocionó, hizo reír y devolvió la sensación de aventura a un género a veces demasiado preocupado solamente por los sustos baratos, los que yo llamo "sustos de bu" ("jumpscares" para los que les mola las palabrejas en inglés).


La premisa de "It" es sencilla en apariencia (hay mucho más detrás): En el pueblo de Derry, en Maine (EEUU, como no); un grupo de niños marginados (el "Club de los Perdedores") se enfrenta a una entidad maligna que adopta la forma de sus peores miedos, especialmente la de un payaso siniestro llamado Pennywise. Pero bajo esa capa de horror sobrenatural late una historia sobre amistad, crecimiento, trauma y resistencia ante el mal. Es, en cierto modo, "Los Goonies" (1985, Richard Donner) si en vez de buscar un tesoro se toparan con una pesadilla lovecraftiana hambrienta de carne infantil, y en lugar de aventuras, sustos y momentos chungos por doquier.

En esta nueva iteración de la obra de Stephen King de 1986, en donde la primera parte destaca el guión por su ritmo impecable: Muschietti y su equipo decidieron centrar esta entrega únicamente en la infancia de los protagonistas, trasladando la acción a los años 80 (en lugar de los 50 del libro original). Una jugada maestra porque conecta de inmediato con la nostalgia ochentera que series como "Stranger Things" de Netflix (2016) habían puesto en boga recientemente entonces (hay uno de los actores que repite protagonismo, Finn Wolfhard). El resultado es un una historia de "crecimiento" macabra, donde las bicicletas y las linternas se mezclan con cadáveres flotantes y alcantarillas oscuras llenas de susurros.

Cada miembro del Club tiene su arco personal bien definido, y aunque es cierto que algunos personajes brillan más que otros (Richie, interpretado por, justamente Finn Wolfhard, roba cada escena con sus chistes como desahogo cómico), pero todos contribuyen a esa sensación de grupo real, con dinámicas naturales y conflictos creíbles. La química entre ellos es el auténtico corazón de la película, y la verdad funciona muy bien, y el trabajo de los niños es absolutamente brillante, en todos ellos.

En el Capítulo Dos (estrenado dos años más tarde), el salto temporal de 27 años lleva la historia a la adultez de los personajes. Aquí el guion juega con la idea de la memoria reprimida, el trauma no resuelto, la dificultad de enfrentarse al pasado y el cambio a la edad adulta. La estructura es más ambiciosa y arriesgada: alterna escenas presentes y flashbacks que completan huecos de la infancia no vistos en la anterior entrega, profundizando aún mas en los personajes. Es cierto que el ritmo se resiente un poco (la película dura casi tres horas), pero me gusta cómo intenta reflejar la naturaleza fragmentada de los recuerdos. No es solo una lucha contra un monstruo, es una lucha interna por aceptar quiénes fueron y quiénes son ahora, y el cambio que supone, y lo que se deja atrás.

Y en las dos entregas tenemos a Pennywise (interpretado por un entregado Bill Skarsgård) que llega a equipararse al mítico Tim Curry en el mismo papel. Un payaso depredador, símbolo del miedo colectivo y, en ciertos momentos, casi una fuerza cósmica incomprensible, heredera directa del terror cósmico de Lovecraft que King tan bien supo adaptar a su estilo.


Muschietti demostró desde la primera escena que no era una broma. La secuencia inicial con Georgie, el niño con el chubasquero amarillo, corriendo detrás de un barco de papel bajo la lluvia es ya historia del terror moderno: elegante, precisa, con un crescendo que pasa de lo entrañable a lo inquietante en cuestión de segundos. Esa combinación de ternura infantil y horror brutal es el tono que marcará toda la película y la secuela (o conclusión de la historia, realmente)

La puesta en escena juega constantemente con el fuera de campo, los espacios cotidianos convertidos en trampas y la cámara que se mueve como si fuera una criatura acechante. Hay un uso inteligente del montaje, especialmente en la primera parte, que alterna momentos de camaradería juvenil con irrupciones súbitas de lo terrorífico. La fotografía, a cargo de Chung-hoon Chung, equilibra la calidez nostálgica de los veranos ochenteros con sombras densas y encuadres que parecen sacados de un cuento macabro.

Los efectos especiales son una mezcla de CGI y efectos prácticos muy bien combinados. Bill Skarsgård con su Pennywise es un prodigio físico: su mirada desviada (algo que, naturalmente puede hacer desde la niñez, aquí aumentado con efectos especiales a veces), la sonrisa antinatural, los movimientos casi insectoides… todo contribuye a que el personaje se sienta vivo y amenazante. Y cuando entra el CGI, suele hacerlo para amplificar el terror, no sustituirlo. Hay escenas que me parecieron tremendamente efectivas, y eso que hoy en día ya empieza a notarse los efectos CGI, pero sigue funcionando y muy muy bien.

En el "Capítulo Dos", el tono visual se mantiene, aunque se nota un aumento de ambición y más contenido CGI. Algunas secuencias son directamente típicas de un "blockbuster" de terror, con coreografías de cámara complejas y un uso del espacio que recuerda a "Pesadilla en Elm Street" por su capacidad de deformar la realidad sin perder coherencia interna. Sí, hay un exceso digital que canta más que la peluca de un cosplay barato, pero en general, el nivel técnico es altísimo, y sigue funcionando hoy.

A destacar la elección de los actores. En la versión adulta eligieron unos actores que, se parecen muchísimo a sus contrapartes infantiles. Bill Hader como el chistoso Richie (substituyendo al personaje de Finn Wolfhard), Jay Ryan como Ben "el nuevo" (para el personaje de Jeremy Ray Taylor), Andy Bean como el serio Stanley (en lugar del personaje de Wyatt Oleff), James Ransone como Eddie, el hijo de una hipocondriaca (en lugar de Jack Dylan Grazer), Isaiah Mustafa como el apartado Mike (substituyendo a Chosen Jacobs), Teach Grant como el abusón con "problemas", Henry Bowers (en lugar de Nicholas Hamilton) Jessica Chastain como la necesitada de atención Beverly (substituyendo a  Sophia Lillis) y James McAvoy como Bill, el hermano del desaparecido Georgie (para el personaje de Jaeden Martell). Decir que, justamente los dos últimos son los que menos se parecen físicamente... pero el resto, parecen la versión adulta del mismo actor. Un trabajo de casting impecable, no solo por el parecido, sino por calidad actoral, todos destacables.


Vayámonos a la música (eso que no falte, nunca). Benjamin Wallfisch firma la música de ambas entregas, y su trabajo es uno de los elementos más subestimados de la dos películas. La banda sonora es un viaje emocional que alterna delicados temas melódicos (asociados a la infancia y la amistad, y a esos tiempos que ya no volverán) con pasajes de tensión orquestal, con inyecciones de efectos sonoros, voces y deformaciones de sonidos estridentes que te hacen agarrarte a la butaca. El tema principal, con ese motivo casi de nana maliciosa se te queda pegado en la cabeza como un tema de Koji Kondo y sus "Zelda", pero interpretada en modo menor.

Wallfisch entiende que el terror no solo se construye con sustos, sino con atmósfera. La música nunca busca sobresalir gratuitamente; acompaña, anticipa y, en los momentos clave, golpea como un yunque sonoro perfectamente sincronizado con las imágenes. El diseño sonoro también merece mención: las voces susurrantes, los sonidos más nimios que no sabes de donde salen, los ecos… todo contribuye a un entorno inmersivo que funciona incluso si cierras los ojos. Escuchar de manera aislada con buenos auriculares las películas de "It" es como pasear por "Silent Hill" con la niebla cubriendo hasta los pies.


Las dos películas están plagadas de "easter eggs" para el fan atento. Hay referencias directas a otras obras de King (¡aquí está Johnny!), homenajes velados a la miniserie original (incluido un cameo muy simpático) y detalles que conectan con la iconografía del terror clásico. El traslado a los 80 en la primera parte permite además colar guiños culturales por doquier: pósters, videojuegos, películas… es un festín para los nostálgicos que peinamos canas.

Me encanta cómo algunas escenas recuerdan directamente a "Los Goonies" en su estructura: el grupo explorando lugares prohibidos, enfrentándose juntos a peligros sobrenaturales, aprendiendo a ser valientes. Es como si alguien hubiera decidido mezclar el espíritu aventurero de Spielberg con las pesadillas húmedas y retorcidas que exploran la iconografía de Lovecraft. Y funciona, funciona la mar de bien.

"It" y su segunda entrega, "It: Capítulo Dos" forman una de las adaptaciones más sólidas y ambiciosas de Stephen King en décadas. No son perfectas (la segunda parte es más irregular en ritmo y algunos efectos digitales chirrían), pero el equilibrio entre terror, aventura y emoción las convierte en experiencias memorables. Muschietti supo modernizar la historia sin traicionar su esencia, crear un Pennywise icónico para una nueva generación y, lo más importante, recordarnos que el miedo más profundo no siempre viene de monstruos externos, sino de las sombras que arrastramos dentro.

Para los fans del libro, hay suficientes guiños y respeto a la mitología original como para sentirse en casa. Para los espectadores casuales, la primera parte es una puerta de entrada perfecta al terror con alma. Y para los frikis hardcore… encontraréis detalles que os harán pausar la película para cazarlos todos como si fueran "Koroks" en el "Zelda: Breath of the Wild".

Como extra, próximamente se estrenará en HBO la serie " It: Bienvenidos a Derry", precuela directa de estas películas en la cual repite (según tengo entendido, un poco a regañadientes al inicio) Bill Skarsgård como Pennywise, y con Muschietti dirigiendo algunos episodios y produciendo. Esta vez nos traslada a los 60 del anterior siglo, antes de lo sucedido en las películas (y el libro, narrativamente hablando). Una nueva historia "de origen". Tras el último (y bastante decepcionante) trabajo de Muschietti (ese descafeinado y pasado de vueltas "Flash", que pintaba más a obra de estudio que no de autor). Tengo ganas de ver que sacan... o que consiguen hacer. También repite Benjamin Wallfisch en la música (temas principales, al menos), con lo cual... volvemos a Derry.

En mi escala personal, estas películas flotan alto, muy alto. Porque, al final, todos flotamos aquí abajo… y vaya si flotamos... disfrutando.

Smile (2022) + Smile 2 (2024)


Cuando estas convaleciente (y en mi caso por dar una simple patada a un sillón... relegándome a estar casi un mes de baja y sin poder caminar mucho ni estar demasiado rato de pie sin estar luego viendo la vía láctea con microscopio, y eso que solo me rompí la quinta falange del pie derecho... si, el meñique) y quieres pasar el rato te pueden pasar por la cabeza mil cosas, sobretodo cuando no puedes moverte demasiado. Leer, ver alguna serie, alguna peli... jugar videojuegos... poco más para no morir de asco estando tumbado con el pie sobre un cojín.

Me dio por ver algo de terror, ya que; justamente en las recientes vacaciones de verano mi intento por ver alguna cosa decente (para mi) me dejo bastante mal sabor de boca...

Empece con "Lifeforce: Fuerza Vital", una peli de Tobe Hooper de 1985, recomendada por el "Señor N". - "Es un ejemplo de esos peliculones de los ochenta, ¡y con música de Henry Mancini!" me dijo para incitarme a verla.

Accedí... y me arrepentí. Si, es un claro ejemplo de los 80... de las películas malas de esa época. Tobe Hopper, director hoy reconocido, nos trajo una película argumentalmente ya no pobre y obtusa, con unas actuaciones exageradas e histriónicas (con ojo, Patrick Stewart haciendo un muy, muy mal papel), que cuenta con unos efectos especiales brutalmente preciosos y conseguidos, una música de Mancini (que no toda porque, por problemas de producción dejó inacabada la obra, finiquitándola, ojo, Michael Kamen, lo más alejado de Mancini posible... pero que hace buen trabajo "sonando" a Mancini) pero que en lo demás es una peste de niveles estratosféricos. Horrible es poco, pero terminé de verla, si eso se pede llamar "final" (si la has visto sabes a que me refiero).

No obstante, seguía con ganas de terror... y vi que recuperaron en Amazon Prime una obra que, ya hace bastante me llamo la atención y la puse en mi lista de visionado sin poder llegar a verla porque la quitaron del servicio, por suerte solo por una temporada... "Smile", de Parker Finn.

Cuando esta película llegó a los cines en 2022 lo hizo sin grandes fuegos artificiales, pero consiguió remarcar y clavarse en la cabeza del espectador gracias a un miedo sutil y a veces, enfermizo que iba más allá del simple susto de manual. Parker Finn debutaba en la dirección de largometrajes (tras dos cortometrajes de terror) con una historia (si, también se encargó del guión) en apariencia sencilla: una terapeuta que presencia un suicidio brutal en su consulta y que, desde ese momento, empieza a experimentar una cadena de sucesos extraños que desdibujan la frontera entre lo psicológico y lo sobrenatural. El rodaje tuvo lugar en Nueva Jersey, en hospitales reales y antiguos edificios industriales que aportaron al film un aire áspero y tangible, nada de decorados artificiales o "chromas" que limpian demasiado la imagen y la hacen falsa a la legua. Esa textura realista fue acompañada de un trabajo de efectos prácticos a cargo de "Amalgamated Dynamics", los mismos que llevan décadas dándole vida a criaturas en Hollywood, lo que ayudó a que el terror se sintiera más orgánico, menos digital. También hay que decir que el presupuesto era ajustado... no era un "blockbuster" de Hollywood, con lo que había que idear formas sencillas de mostrar lo que se pretendía mostrar, y mediante planos con una composición medida y un montaje milimetrado, es posible, y aquí lo consiguieron


Terminó de redondear la experiencia la banda sonora de Cristobal Tapia de Veer. El compositor, que ya había dejado su huella en series como "Utopia" o "The White Lotus", eligió un instrumento tan extraño como el daxófono (instrumento musical experimental inventado por Hans Reichel. Se compone de una lengüeta de madera vibrante fijada a un soporte con un micrófono de contacto que se hace sonar con un arco, produciendo una amplia gama de ruidos, graznidos y chirridos.) con ese instrumento consiguió generar esos chillidos y vibraciones inquietantes que parecen provenir de un rincón incómodo del subconsciente. Es un sonido que no se parece a nada conocido, perfecto para una película que busca incomodar en lo invisible. Eso y el uso de sintetizadores y "samplers" de sonido compuso una ambientación oscura y tétrica, incómoda. Muy ambiental (no esperéis "leitmotivs" de ninguna clase) pero que acompaña la acción de manera soberbia. Me recordó al trabajo de Akira Yamaoka para la saga de videojuegos "Silent Hill". Y como guiño perverso, durante los créditos finales suena "Lollipop" de "The Chordettes", ese contraste irónico entre lo dulce y lo siniestro que te deja con la sonrisa torcida.


Pero lo cierto es que, al verla, en muchas, muchas cosas me recordó enormemente al remake americano de "Ringu", "The Ring" ("La Señal") de Gore Verbinski de 2002; - OJO, POSIBLES SPOILER A PARTIR DE ESTE PUNTO - Similitudes que van no solo de la idea central de una maldición que se transmite y condena al que la recibe a una muerte inevitable, sino también por el tono visual y narrativo. Ambas películas comparten ese ritmo pausado, casi hipnótico, que no se precipita hacia el susto fácil (que alguno hay) sino que va cargando la atmósfera poco a poco, con silencios incómodos y planos largos que invitan al espectador a sentir la amenaza antes de verla. Malrollismo constante sin. abusar de sangre, visceras ni escenas violentas (que si, alguna hay). Verbinski en su momento, construyó "The Ring" con una fotografía fría, dominada por azules y verdes desaturados que impregnaban todo de un aire enfermizo, húmedo, casi de pesadilla acuática (y con razón debido al argumento), una producción muy pensada pese a ser un remake de un trabajo japonés (y manteniendo alguna que otra escena calcada), pero ajustándolo y variándolo para acercarlo al público occidental y su cultura, y de una manera muy conseguida; "Smile", aunque no copia ese estilo, sí apuesta por una paleta apagada, hospitalaria, donde predominan los tonos fríos y neutros, reforzando esa sensación de que la vida de los personajes está siendo drenada por algo invisible.


También resulta revelador cómo ambos films articulan su horror alrededor de la investigación de la protagonista. En "The Ring", Naomi Watts, la protagonista debía seguir las pistas de la cinta maldita para entender de dónde provenía la amenaza; en "Smile", Sosie Bacon se enfrenta a su propio descenso psicológico mientras intenta descubrir el patrón de suicidios que la conecta con sus pacientes. En ambos casos, la narrativa se convierte en una cuenta atrás hacia lo inevitable, con una protagonista aislada, incomprendida por quienes la rodean y atrapada en un ciclo de muerte del que apenas hay escapatoria. Incluso el ritmo de revelaciones —con entrevistas, archivos antiguos, y encuentros con testigos marcados por la maldición— recuerda mucho a la progresión de "The Ring". Son muy, muy similares en el orden de las cosas...

Hasta en la manera de concebir el terror físico hay ecos: si Verbinski usaba las imágenes perturbadoras del vídeo maldito de Samara (clavos oxidados, caballos muertos, el pozo, insectos...) para provocar un malestar más sensorial que explícito, Finn opta por sonrisas grotescas y visiones fugaces, jugando con la incomodidad de lo cotidiano deformado. Ambas películas entienden que el horror más eficaz no siempre está en lo monstruoso, sino en lo extraño, lo que se siente fuera de lugar. Eso si, en ambos casos cuando se "muestra" el monstruo, pierden fuelle... más en "Smile" que en "The Ring". Momento de "bajón" que, aunque ocurre en los momentos finales del film, no hace decaer el resto de la obra (por suerte).

- FINAL DE LOS POSIBLES SPOILERS -

Toda una sorpresa para mi descubrir esta obra, y que sea tan parecida en tempos y estilo a "The Ring", una de mis películas favoritas de terror de todos los tiempos (lo sé, no es perfecta, pero es mi placer culpable) han hecho que esta "Smile" con sus sonrisas incomodas se convierta en una de mis obras favoritas del género.

Tanto me impacto que enseguida me puse a ver su segunda entrega, disponible esta vez en SkyShowtime.

La secuela, estrenada en 2024, demuestra que Parker Finn (que repetía en el guión y dirección) no se conformó con repetir la fórmula. "Smile 2" esta vez pone el foco en Skye Riley, interpretada por Naomi Scott, una estrella del pop que intenta volver a los escenarios tras un grave accidente que la dejó apartada de stos durante un año, mientras la maldición del ente sonriente empieza a acosarla. El cambio de registro es evidente: del consultorio y la paranoia íntima pasamos al mundo del espectáculo con luces, giras, pomposidad y fans histéricos. El rodaje se trasladó a Nueva York y al valle del Hudson, y uno de los momentos más comentados es una secuencia que parece sacada de un espectáculo de Beyoncé pasado por un filtro demoníaco: bailarines que se transforman en presencias horribles dentro del apartamento de Skye, un número coreografiado que mezcla espejos, acrobacias y deformidades para crear un delirio visual que se te queda grabado en la mente. Como detalle simpático, Drew Barrymore hace un "cameo" en la película interpretándose a sí misma en su programa de TV, "Drew", rodado en el set real de éste tras recibir una carta personal del director.

En lo musical (siempre voy a tratarlo), Tapia de Veer repite como compositor pero esta vez comparte espacio con la faceta pop del personaje protagonista. Naomi Scott, que también es cantante (su Jasmine en la version de imagen real de "Aladdin" es de las cosas que salvaría de ese film) grabó un EP completo como Skye Riley, su personaje, con canciones que funcionan tanto dentro de la trama como en el mercado real: temas como "Blood on White Satin" o "Grieved You" se publicaron como singles reales reforzando la ilusión de que Riley es una cantante auténtica. Esta mezcla entre la oscuridad del "score" (mismo estilo que la anterior entrega, y personalmente mejor) y la luminosidad artificial del pop da a la película una personalidad distinta, más arriesgada, aunque no siempre equilibrada. La música es parte importante aquí, y así la tratan, con respeto y con la importancia que merece.


Como he dicho antes, las vi seguidas en casa, una detrás de otra y quizá por eso el contraste entre ambas lo noté aún más. La primera me pareció redonda en su sencillez, casi como esa “nueva The Ring” de esta época, mientras que la segunda, aunque ambiciosa y con momentos muy inspirados, me resultó algo inferior, pero como secuela funciona muy, muy bien. Hay un tramo hacia el final, en el hospital, con Riley y su madre que me sacó un poco de la película: en vez de potenciar el clímax, me pareció que perdía parte de la tensión y del tono malsano que tanto me había atrapado en la primera y que esta segunda entrega me seguía dando. También perdía verosimilitud, justamente en ese punto. Luego se recupera, y el final te deja descolocado (como la primera).


Ambas beben mucho de ese rollo malsano de los videojuegos (y la primera película) "Silent Hill", ese rollo psicológico, tratando problemas mentales de una manera que, ademas de incomodar, da importancia a tratarlos. En conjunto, "Smile" y "Smile 2" funcionan casi como dos caras de una misma moneda. La primera es claustrofóbica, directa al estómago y todo mediante pocos recursos; la segunda es expansiva, ambiciosa, con momentos visuales y musicales que rozan lo barroco, tratanto el tema de la fama y la pomposidad y "soberbia" que puede conllevar de una manera brillante. Si la primera nos convenció con su atmósfera malsana y el ingenio de sus sonidos imposibles, la segunda nos invita a una fiesta deforme en la que el miedo se disfraza de videoclip, con momentos onñiricos e idas de olla (literales) constantes. Y aunque quizá no todo el mundo comulgue con ese cambio de tono, lo cierto es que Parker Finn demuestra que no le tiembla el pulso a la hora de arriesgar y eso siempre es de agradecer en un género que tantas veces se queda en lo cómodo.
Pese a que ambas obras tienen un estilo similar, se notas diferentes. Si, la segunda queda un par de peldaños por debajo, también se pierde la sorpresa de la primera... pero cierto que se aleja de ese papel de calcar hacia "The Ring" de Verbinski que tenia la primera y expande de manera coherente lo que nos cuenta la primera, de manera funcional y bastante más "loca".
Ya han anunciado una tercera entrega, y de nuevo Parker Finn al frente de la dirección  y el guión. ¿hacia donde puede llevarnos esta vez? Tengo ganas de verla.


Repito que, sobretodo la primera entrega ha sido todo un descubrimiento, un muy buen descubrimiento.
La segunda tiene su gracia, es potente y sorprende a partes iguales, pero queda ligermente por debajo de la primera (y en un punto... personalmente pierde mucho). No son perfectas, para nada, pero si ambas entran en mi lista de "buenas películas de terror", sobretodo a destacar mucho la primera.
Ahora, a ver quién duerme tras tremendo visionado...

Agárralo como puedas (2025)



(suena música jazz lenta y dramática)

Era una noche de martes. El Señor "N" y yo nos dirigíamos —y por última vez en este verano que agonizaba y ya nos dejaba— a una nueva función de cine. Aquella era nuestra última escapada estival antes de que mis vacaciones dijeran adiós y tuviéramos que volver a "la rutina de costumbre". Sin embargo, habíamos jurado hacer algo distinto: necesitábamos reírnos a mandíbula batiente tras un verano bastante insulso. Una comedia, a poder ser desternillante sería el broche perfecto para despedir este verano algo tristón y ligeramente vacío de 2025.

La cartelera nos puso sobre aviso: hacia pocos días habían estrenado un reboot (o nueva entrega, según se mire) de la clásica serie de películas "Agárralo como puedas" ("The Naked Gun"). Ya al Señor "N" le apetecía verla (cuando la anunciaron ya me avisó de sus ganas de verla), yo no negaré que sentía curiosidad, pero con Leslie Nielsen descansando en paz, se me hacía extraño, lo mismo que pasó con "La Pantera Rosa" ("The Pink Panther") tras el fallecimiento de Peter Sellers y su "Inspector Clouseau". Ahora el relevo para Nielsen había recaído en Liam Neeson —un tipo serio donde los haya— y con la bella Pamela Anderson acompañándolo a su lado. ¡Vaya pareja detectivesca para una trama absurda! Dirigida por Akiva Schaffer (director, guionista y actor de comedia) y producida por Seth MacFarlane (productor, guionista y actor, artífice de "Padre de Familia", "The Family Guy"). Era posible, podríamos acabar viendo comedia antes de volver a la seriedad del día a día, o eso esperaba.



Llegamos al multicine con las entradas compradas por internet (yo preveía que, siendo un estreno reciente, habría llenazo de sala), y estábamos listos para nuestra misión vespertina, no obstante antes de entrar cumplimos con el código de supervivencia de un auténtico detective de cine "noir": la comida sana ante todo. Dieta balanceada al estilo Frank Drebin, no podía ser de otro modo. Atacamos unas hamburguesas del McDonald’s como si fueran la evidencia de un caso, totalmente sanas… en espíritu, al menos. Una cena ligera (guiño-guiño) digna de unos auténticos agentes encubiertos del apetito. Por supuesto yo me comí tres hamburguesas... y quedé con hambre. 

Ya armados con nuestras palomitas recién reventadas (por primera vez un bote de medio saladas y medio dulces) y la botella de agua de rigor para cada uno, nos adentramos en la penumbra de la sala, ya con las luces apagadas. El Señor «N» exclamó en voz alta al entrar y oír sonidos fuertes dentro. Ya estaban proyectando algo:
—¡Vaya, si ya están dando los tráilers previos a la película!
La suspicacia me invadió de inmediato:
—Raro… si aún faltan diez minutos para que empiece... —musité, frunciendo el ceño bajo mi linterna imaginaria mientras miraba el reloj. Si, efectivamente faltaban más de diez minutos para empezar la función.

Con carcajadas desenfrenadas, y hablando en voz alta entre nosotros nos colamos en la sala oscura. Pensamos: ¿cómo no nos dimos cuenta antes? Allí, sobre la pantalla, comenzaron a rodar imágenes conocidas. Nuestras risas se cortaron al instante; de detective nulo pasamos a detective confundido:
—Espera… —dije entre dientes—. Esa escena me suena demasiado... ¿No es esto un cacho de “Weapons”? (ejem... https://compendiofreaks.blogspot.com/2025/08/weapons.html)

Mi compañero balbuceó algo indeciso:
—Sí… lo parece… ¿el tráiler?, esto, espera… —luego cayó en la cuenta—. ¡Tío, nos hemos equivocado de sala!

No había misterio que resolver: nos habíamos colado en la sala equivocada. Entre risas torpes y sonrojados retrocedimos rápidamente, saliendo por donde habíamos entrado. No era el plan original, pero al menos habíamos descubierto el enigma en el que nos habíamos metido inconscientemente. Ya éramos unos perfectos detectives de la noche.



De regreso al pasillo y guardado el bochorno entre risas nerviosas, entramos en la sala correcta (justo la puerta de al lado). Esta vez las luces seguían encendidas; nadie había dado todavía la orden de apagón. El ambiente era tranquilo, casi apacible. Cuando compré las entradas, en mi cabeza veía filas de cinéfilos gritando “¡policía!” en la taquilla y dentro de la sala, pero la realidad fue un baldazo de agua fría: la sala no llegaba ni a la mitad de su capacidad, a pesar de ser una sesión de tarde. Ni rastro de abarrotamiento. ¿Dónde estaba todo el gentío que imaginé, siendo un estreno muy reciente?. Con los nervios disparados y a la espera de la acción, nos instalamos en nuestros asientos.

Finalmente, tras unos instantes de silencio expectante, las luces se apagaron. Con un suave chasquido de oscuridad, y tras unos cuantos tráilers (los cuales ni les hicimos casi caso) empezó la película… ¡al fin!

Y, voy a ser claro y directo...  no sé si llamarlo secuela, "reboot" o simplemente un intento desesperado de exprimir una marca, pero lo cierto es que, personalmente, no me ha gustado nada esta... ¿revisión?


Quien vaya al cine esperando reencontrarse con el espíritu de Leslie Nielsen y las películas dirigidas por los "ZAZ" (trío estadounidense de cineastas de comedia, formado por Jim Abrahams y los hermanos David y Jerry Zucker, especializados en humor absurdo y "slapstick" con películas que se basan en gran medida en parodias, gags visuales y la ruptura de la cuarta pared) saldrá algo decepcionado, porque lo que aquí se ofrece está más cerca de un episodio flojo de "Padre de familia" que de una comedia absurda ingeniosa como lo eran las antiguas "Agárralo como Puedas".

La saga original siempre se nutrió de gags visuales y de parodiar un serial policial de televisión. "Police Squad!" (serie de la ABC precuela y germen de esta saga, que ya contaba con Leslie Nielsen y con ese "rollito" que tendrían las películas que vendrían a posteriori del agente Frank Drebin, serie por cierto cancelada en su primera temporada y a los pocos episodios por no gustar a los directivos de la cadena pese a tener éxito decente en antena) y sobretodo las tres películas de "Agárralo como puedas" ("The Naked Gun") con Nielsen, basaban su comedia de ridículos gags visuales (incluso en el fondo de la pantalla) crítica a eventos de su tiempo mediante mofa y diálogos absurdos. En cambio, esta nueva entrega se basa casi exclusivamente en chistes hablados, al estilo y semejanza a los de un episodio de Padre de Familia ("Family Guy"), y no es de extrañar pues Seth MacFarlane, creador del show produce el film. Lamentablemente, pocos resultan graciosos. El guion está repleto de tiempos muertos y plagado de humor escatológico (bastantes alusiones a pedos, cacas, culos, penes…) en lugar de bobadas absurdas ingeniosas o gags ocultos y con ritmo. También abunda la comedia violenta física: Neeson se dedica a dar mamporros a criminales a diestro y siniestro, satirizando así su anterior etapa como actor de películas de acción "de venganza" a lo Charles Bronson. También se pasa la mayoría del film con gestos de "tipo duro", como romper teléfonos o arrancar con la boca el cañón de una pistola (ese chiste funciona, no lo negaré), escenas que recuerdan al "slapstick" más zafio pero que ya las hemos visto antes. Si bien algún gag de acción funciona como referencia (el del barman negándose a hablar, por ejemplo), el exceso acaba por cansar. En conjunto, le falta chispa, le falta ritmo e ingenio y abusa de chistes ya vistos, y algunos obscenos que no hacen tampoco demasiada gracia.
Si recogemos todo esto junto a chistes malos mediante diálogos flojos (y algún gag reiterativo como el de la taza de café, que las primeras dos veces hacen gracia... las diez siguientes no), el resultado es que la película se atasca: el impulso narrativo flaquea cuando se inunda de bromas verbales vacías, “en detrimento de la estructura” . En la práctica esto significa que si falla uno, aparece de inmediato otro chiste igual de mediocre sin dar respiro al espectador. Si, el ritmo es constante, pero hay esa saturación de chistes malos, mezclado con alguno decente, que te deja más con una sonrisa idiota de "What?" (chiste que aparece en el film) que no en una auténtica carcajada. 


La comedia es simpática, no lo negaré. Incluso la trama (absurda y tonta como ella misma, solo una excusa para lanzar chistes al espectador) puede entretener, pero es muy floja, esta secuela (¿reboot?) no consigue ni emular ni innovar algo lo bastante divertido, quedando lejos del desenfado fresco de sus antecesoras. también cierto que, seguramente muchos chistes se pierden vía traducción y doblaje... pero seguro que aunque yo lo viese en VOS diría lo mismo, pues no estoy en EEUU ni tengo por mano su panorama ni cultura (y mira que se ha extendido por todo el planeta).

Paradójicamente, lo mejor es su música (de nuevo, vuelve a suceder). Lorne Balfe, encargado de componer la banda sonora recupera el espíritu sonoro de la saga original compuesta por Ira Newborn, y lo mezcla con ese estilo actual usado en las producciones de acción moderna. En la introducción, y mediante el tema “My Name is Frank Drebin Jr.” arranca con tensión ominosa al estilo de Hans Zimmer, para luego estallar en una explosión de metales que vende con intensidad la escena de acción. En las partes románticas, como podemos oír en “There She Was Again” desliza jazz noir clásico cuando estamos ante la primera aparición de Beth (Pamela Anderson), dándole un aire de película de cine negro y sobretodo, recuperando ese estilo que Newborn dio a la saga antes. Para los pasajes de intriga tecnológica, Balfe inserta pistas sinuosas como “Something Fowl” y “Project Inferno” (cuerdas frías al estilo "Instinto Básico" del gran Jerry Goldsmith) que subrayan la trama del magnate villano (interpretado por Danny Huston). Incluso al final se recupera a todo trapo (y menos mal) el tema heroico original de la saga: la pieza “Press Conference” remata con un guiño triunfal al "Drebin Hero" de Newborn antes de los créditos, los cuales arrancan con un arreglo del tema clásico reconocido por todos (Newborn hizo un clásico atemporal). En todos estos cortes (que se incluyen también en el álbum de escucha aislada), la orquestación y la instrumentación moderna funcionan, y es notable que Balfe no busca la carcajada con la música sino realzar el drama para que los gags funcionen; como él mismo afirma, “no estábamos buscando risas; la música tenía que vender el drama”, como bien dijo e hizo Ira Newborn antes. La música debía tratarse “seriamente” incluso en las escenas más absurdas. Este empeño se nota en escenas clave de la película (como la secuencia inicial en el atraco). Gracias a ese enfoque la música funciona y ayuda a la comedia; sin embargo, el humor verbal de la película no corre con la misma suerte...




Por fortuna, el elenco sale airoso pese al guion mediocre. Liam Neeson trata de encarnar al nuevo Frank Drebin (en realidad a su hijo, Frank Drebin Jr.) con seriedad contenida, y Pamela Anderson saca provecho de su presencia cómica para levantar cada escena romántica. Ambos se toman el juego en serio como hacían Leslie Nielsen y Priscilla Presley antes (con cameo de Presley en un único plano, a ver si la encontráis) y tienen química (tanta que al parecer al finalizar el rodaje se han unido como pareja formal); a destacar especialmente que Anderson tiene un “ritmo cómico impecable” y sus bromas surgen naturales. Ni Neeson ni Anderson son lo que se prometía originalmente (no hay otro Leslie Nielsen, ni lo habrá), pero cumplen dignamente el rol. En definitiva, son ellos —no los chistes— los que mantienen un mínimo de entretenimiento en pantalla.


En Conclusión, el film se queda en un sucedáneo simpático pero blando, muy blando y a ratos, incluso con incomodidad. Reproduce las fórmulas de la saga con cariño (Drebin cantando, mal... por poner un ejemplo), pero la mayoría de sus chistes (sobretodo los hablados) resultan insípidos. Al menos la banda sonora de Lorne Balfe brilla por su contraste serio, mezclando jazz clásico (como digo, homenajeando a las originales los cuales ya parodiaban un "film noir") con ritmo y sonoridad actual, y por una vez sonando sin que parezcan instrumentos sintetizados por parte de Balfe. Comparada con la trilogía original, esta nueva versión carece de ingenio, frescura y "timing", reduciéndose a un eco cansado. Una ironía: la partitura sí entiende lo que hizo grande al original, mientras que el guion no lo pilla.



Me lo pasé como cuando te atragantas con un chiste malo: incómodo y sin ganas de repetir. Esta versión no tiene el ingenio ni el ritmo absurdo que hacía grande a la saga original.
Si eres fan de "Padre de familia" y buscas comedia fácil y de brocha gorda y sin pensar, sí, puede que te rías. El humor a veces (casi todo el tiempo) parece un episodio descafeinado de esa serie... y tengo que decir que no soy demasiado fan de ese tipo de humor, todo hay que decirlo... y justamente las "Agárralo como puedas" originales no tiraban por esos regoteros. Si esperas algo mejor… mejor vete directo a la trilogía de Nielsen y déjate de sufrimiento esterilizante.


Puede que algún día se recupere ese nivel de humor: "Hot Shots" y su segunda entrega, "Top Secret", "Aterriza como Puedas" y su secuela, o la trilogía original de "Agárralo como puedas" (y mira que todas ellas tienen algunos chistes que han envejecido regular, sobretodo las mofas a eventos de su tiempo), son productor para revisionar, pero justamente en esta nueva iteración, no, aquí no la veo.

El Señor "N" salió, por cierto del cine contento y dándole un notable al film, cosa que respeto por supuesto. Seguramente este tipo de humor no lo pillo o no lo termino de encajar, y tiene sus espectadores (por eso tiene tanto éxito "Padre de Familia" y otras series similares, como "Padre Made in USA", "Rick y Morty" o incluso "South Park", llegando aquí a lo más extremo), así que es posible que solo sea cosa mía... pero como esto se trata de mi reseña, lo digo: me parece una mala película, y para colmo, no tan graciosa como pretende ser. Y si, yo me reí (no lo voy a negar, el arranque y un par de gags de más adelante me parecieron graciosos), pero también sentí mucha vergüenza ajena... y algún momento de aburrimiento, sobretodo tras pasar el umbral y llegando al final de la película.

Una lástima (pero debo confesar que me lo olía venir...).

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