Frankenstein (2025)




Antes de nada, debo sincerarme... tengo que reconocer que a mí, "Frankenstein o el Moderno Prometeo" de Mary Shelley nunca ha sido de esas historias que me hayan atraído en demasía... no, no he leído el libro "aún"... sí, entre comillas, y mira que lo tengo por casa y en varias ediciones, pero pondré remedio a eso pronto, estoy en una fase de lectura maniática de libros en papel (y eso que tengo un ebook y es mucho más cómodo su lectura, y más barato el pillar libros...) es un chispazo que me ha dado recientemente el volver al papel y disfrutar, literalmente y sin correr, de la lectura. Y de mi género favorito ademas, por supuesto: el gótico, el misterio y el terror. Volviendo a "Frankenstein", esta vez en el cine, es una historia que siempre me ha dado mucha pena, y este tipo de historias no me suele atraer demasiado y suelo "obviarlas", ya que, para tristeza la que puebla nuestro día a día... no necesito más cuando pretendo "desconectar" un rato en otros mundos...


Es un dramón, uno de esos que no esperas ya que la disfrazaban de película de terror cuando en verdad era una lacrimógena y muy, muy triste... o al menos siempre me lo ha parecido.

Guillermo del Toro anunció hace ya bastante que, gracias a Netflix, iba a dirigir y producir al fin (llevaba años diciendo que deseaba hacerla, que era uno de sus sueños de toda la vida, lo mismo que con “Las Montañas de la Locura" de Lovecraft, pero esa no ha tenido tanta suerte... aún) una nueva revisión del clásico gótico de Mary Shelley, una revisión con algunos cambios (aunque siendo la misma historia de siempre) y en el fondo, en ideales es muy fiel al mensaje del libro original.


Lo confieso: después de años de oír rumores, cambios de estudio y silencios inquietantes, leer que Del Toro ("Totoro" como le llamaba la pequeña Mana Ashida en "Pacific Rim”, incapaz de pronunciar bien su nombre), el maestro de los monstruos por fin ha dado vida (literalmente) a su criatura soñada, y lo ha hecho con ese estilo tan suyo, mezcla de poesía gótica, visualmente preciosa y una ternura en la narrativa que podría hacer llorar a un "xenomorfo" en el espacio que "no puede oír tus gritos", me dio unas tremendas ganas de verla que no sabia como aguantar hasta el día de su estreno. Y es que esta no es una simple nueva adaptación del clásico de Mary Shelley; es el "crossover espiritual entre el horror romántico y el cine de autor fantástico que nunca supimos que necesitábamos".


Guillermo del Toro se lanza aquí a reinterpretar el mito fundacional de la ciencia ficción moderna con su sensibilidad habitual por los marginados, las criaturas incomprendidas y los amores imposibles. Y aunque el hype era descomunal (los seguidores del director, y sobre todo los fans de "La Cumbre Escarlata" y "La forma del Agua" llevábamos afilando el bisturí desde 2020), el resultado no solo cumple con creces: resucita el mito con una belleza y potencia emocional que hace que las versiones anteriores parezcan versiones simplificadas del original literario (y eso que la de Branagh de 1994 es más cercana al texto pero no en la parte visual que no esta nueva "iteración" de Del Toro). Si James Whale creó al monstruo clásico y la estética de éste que todos llevamos en la cabeza (y es completamente diferente a cómo lo describen en el libro original) y Kenneth Branagh hizo su versión "operística" y teatral del mito, con un brutal Robert de Niro; Del Toro entrega un Frankenstein melancólico, artesanal y profundamente humano. Si Mary Shelley estuviese entre nosotros hoy, seguramente lo aplaudiría desde la platea gritando: “¡Por fin alguien lo entiende como yo pretendía!”.

Y sí, hay electricidad, rayos, carne, sangre y un laboratorio de esos que sabes que en la realidad no es funcional, pero que en pantalla se ve majestuoso e intimidante, pero aquí la verdadera chispa no está en las máquinas, ni en los momentos sangrientos (que hay, pocos pero están), sino en los ojos de los personajes, sus gestos y sus palabras.




Sin entrar en terreno de spoilers... aunque podría, es ya cultura popular al igual que "Drácula" de Stoker, aunque trangiverse la trama el colectivo, la película sigue el espíritu del texto original con cambios menores: un científico obsesionado con trascender los límites de la vida y la muerte crea un ser que no debería existir. Pero aquí Del Toro da un nuevo latido al mito, trasladándolo a un contexto más ambiguo y emocionalmente denso. Su "Moderno Prometeo" no solo cuestiona qué significa ser humano; pregunta por qué queremos serlo, además de criticar la naturaleza humana de la destrucción y del afán de ser superiores, la soberbia, del perdón y del nacimiento y cuidado de los seres que queremos. De la bondad del hombre y de su descuido de ésta. De la mentalidad humana en general.


El guion, del propio Del Toro, combina filosofía existencial y emoción pura. La narrativa fluye con la cadencia de un cuento oscuro, con momentos de lirismo que te dejan sin aliento y otros en los que sientes un escalofrío digno del mejor terror gótico. Hay ritmo, lento sí, no de "blockbuster" moderno con "sustos de bu" como yo los llamo: es un tempo de respiración, de mirada, de reflexión. Cada diálogo tiene peso, cada gesto, cada silencio habla más que mil experimentos fallidos. Es un ritmo de otra época y se toma su tiempo en avanzar. Nunca para, pero no esperéis un videoclip ni un montaje a lo "Michael Bay". Aquí se avanza lento, muy al estilo casi de Sergio Leone... despacio. Eso ahuyentará a mucha, mucha gente (sobretodo a la más joven), ya lo oigo... "es aburrida", "es muy lenta"... ¡vuélvete a tu TikTok, majadero!.


Y los actores. Oscar Isaac está titánico como el Doctor Victor Frankenstein: su interpretación combina la arrogancia del científico con una culpa que lo devora lentamente. Es un hombre que mira al abismo y se enamora de su reflejo. Frente a él, el Monstruo, interpretado por Jacob Elordi, es una obra maestra de contención y tragedia: más criatura "shakesperiana" que engendro. Su voz, su mirada perdida, sus movimientos entre torpes y delicados como un niño casi recién nacido... cada plano te recuerda que este “monstruo” es el más humano de todos, y el diseño de su "disfraz", más cercano al del libro que hemos tenido jamás. Mia Goth, como Elizabeth (y como Claire, la madre de Victor. ¡Sorpresa si no te diste cuenta!) brilla como nunca: no es la víctima pasiva de otras adaptaciones, sino una presencia magnética, lúcida y esencial para el equilibrio emocional del relato, la cual siente empatía y dolor por la criatura (no "romance" como muchos dicen por ahí...). Y Felix Kammerer, en un papel secundario pero crucial como el hermano y testigo moral de Victor, su hermano pequeño William, pone el broche con una calidez que equilibra la oscuridad circundante. Por último, Christoph Waltz como Harlander, mecenas de Victor Frankenstein, está como suele estar este actor, soberbio.




Los temas que atraviesan la cinta (la culpa, la paternidad, la identidad, la soledad) se entrelazan como cables chispeantes en una máquina imposible. Si "Blade Runner" preguntaba qué significa ser humano, este "Frankenstein" responde: “significa sufrir, amar, crear y perdonar… incluso cuando duele”.

Guillermo del Toro vuelve a demostrar que, cuando se trata de escenografía y de creación de mundos, juega en otra liga. La dirección es meticulosa, obsesiva, pero nunca fría. Cada plano parece una pintura prerrafaelita en movimiento. La fotografía de Dan Laustsen (colaborador ya habitual de Del Toro) merece todos los premios habidos y por haber. Pura poesía visual que hace que cada plano sea literalmente un cuadro para enmarcar. La luz, los encuadres, los movimientos de cámara... Preciosa es quedarse corto, y aunque parezca mentira, "llena de vida". He leído por ahí que les parece "pobre y al nivel de teleserie cutre"... lo dicho más arriba... "¡vuélvete a tu TikTok, majadero!".


El diseño de producción es un festín. Los laboratorios son mecánicamente imposibles pero emocionalmente coherentes; las mansiones góticas respiran humedad y decadencia; y la criatura, diseñada con maquillaje y prótesis es un milagro de texturas y expresividad (ayudada por el buen hacer de Jacob Elordi). No hay demasiada saturación digital: hay artesanía, hay mimo, y es algo que Del Toro suele cuidar al milímetro. Sí, hay CGI y se nota, pero está bien mezclado (o "agitado") con efectos prácticos y entornos. En definitiva, la parte visual está muy, muy cuidada, que se mueve entre el "cyberpunk", el cómic y el realismo, algo que nos tiene acostumbrados Del Toro en sus producciones.


El montaje de Bernat Vilaplana (otro habitual del universo "deltoriano") sabe cuándo dejar respirar una mirada y cuándo golpear con una elipsis precisa. Del Toro se da el lujo de, como bien he dicho más arriba, no correr: la historia se cuece a fuego lento, como una pócima alquímica. No hay pereza narrativa, sino confianza en la imagen. Y sí, los movimientos de cámara y las composiciones visuales son memorables (comentado ya más arriba). Y ojo, porque hay escenas que rozan lo sublime y no peca con lo que muchos esperarían de esta nueva adaptación. Del Toro no busca el susto, busca el estremecimiento del alma. Busca el sentimiento.


Y la música no queda atrás. Alexandre Desplat compone una partitura que no busca protagonismo, sino acompañar el pulso emocional de la historia. No hay un “tema principal” que tararees al terminar de ver la película (no estamos en modo "John Williams Activated"), pero cada pieza encaja como engranaje de una maquinaria sonora perfectamente calibrada. El sonido del viento en los pasillos, el chasquido de la electricidad, el latido casi inaudible del cuerpo del Monstruo… todo está diseñado con un refinamiento quirúrgico y Desplat no se queda atrás, con el uso de cuerdas constantes y omnipresentes, con una sonoridad de otra época y abusando de valses por doquier, logrando una atmósfera entre lo sagrado y lo fúnebre. Si esta película fuera un disco de vinilo, sería uno de esos que escuchas a oscuras, lloviendo, con una copa de vino y la melancolía en modo “hardcore on”.


Y lo dicho, aunque no haya temas memorables que sobrevivan al visionado (nadie va a silbar el "Tema de Frankenstein" en la ducha), la música cumple su propósito: hacerte sentir. En el lenguaje del cine, y más hoy en día, eso es una victoria total.




Del Toro, fiel a su ADN "geek", además llena la película de pequeños tesoros escondidos. Hay homenajes visuales (inconscientes o no) a la versión de 1931 y su "secuela", "La novia de Frankenstein" de 1935, guiños al cine expresionista alemán y hasta un par de planos que llevan a la memoria al "Nosferatu" de Murnau. Pero también hay sorpresas modernas: cameos fugaces de Burn Gorman y demás habituales de Del Toro, como por supuesto, de su amiguete Santiago Segura; citas textuales del libro de Shelley en varias escenas clave (no podía ser menos) y algún detalle tan metacinematográfico que hará que a los fans del propio Del Toro les aparezca una sonrisa cómplice viendo "cositas" que parecen llegadas de anteriores producciones del propio director.


Además, el propio laboratorio del doctor parece una fusión entre la ingeniería de "La forma del Agua" y la tecnología retro del videojuego "Bioshock". Hay incluso una escena que recuerda (y de forma muy "deltoriana") a un nivel del videojuego "Bloodborne", con ese tono de horror elegante y triste a la vez. Del Toro no hace referencias gratuitas: las integra en su universo coherente, creando una red de símbolos que conecta su filmografía entera como si fuera su propio "Del Toro Cinematic Universe".


Esto no es solo una película: es una declaración de amor al cine, al arte y a la humanidad doliente. Es Del Toro en estado puro, pero también en estado maduro. Logra equilibrar su pasión por lo visual con un guion sólido y una emoción sincera. Sí, algunos espectadores impacientes podrían quejarse de su ritmo pausado, o de que no hay “sustos” en el sentido clásico, pero eso sería juzgar un poema como si fuera un tráiler de TikTok.




Entre sus puntos fuertes destacan las interpretaciones magistrales, la dirección precisa, la fotografía que roza la pintura y una banda sonora que, sin ser pegadiza, funciona en el subconsciente y hace lo que debe hacer, "hacernos sentir". Lo más flojo, quizás, sea cierta tendencia al exceso estético en el último acto, donde el drama roza lo operístico (aunque, francamente, ¡bendita ópera visual!).

Si eres fan de Del Toro, esto es tu chute emocional que necesitabas, si solo buscas terror, aquí no lo encontrarás, y si eres un friki del cine gótico, prepárate para tu nueva religión.


En resumen, estamos ante una joya melancólica, una resurrección artística del mito y una carta de amor a todos los monstruos que llevamos dentro. Porque, por desgracia, hay personas que actúan como monstruos, y monstruos que actúan como personas...




Como colofón final, añado un comentario que leí en "X", y me parece muy acertado en todo (gracias a su autora, Kelly Towerss por compartirlo):

"Esta película es una obra de arte, deja el mensaje de que todos los seres vivos merecen bondad y empatía, independientemente de su origen o como luzcan, ya que lo que otros perciben como monstruoso y obsceno es simplemente existencia para otro.

Que la vida está llena de ciclos que parecen crueles y odiosos, pero su inevitabilidad es la esencia misma de la naturaleza, que es a partes iguales hermosa e injusta. Aunque algunos ciclos son el resultado de decisiones humanas, tanto buenas como malas, y esos ciclos pueden romperse. No tienes que perdonar a tu padre por el dolor que te infligió, el cual él mismo experimentó de su propio padre, pero puedes perdonarlo por su pecado de crearte. Que puedes ayudar a extraños a cambiar su rumbo y regresar a casa, que puedes caminar sobre la nieve y sentir el calor del sol de la mañana en tu rostro, pero sobretodo que PUEDES ELEGIR VIVIR."

1 comentario:

  1. Brutal!! me encantó!!! la mejor peli de este año para mi (tampoco vi demasiadas)

    ResponderEliminar

El más popular del reino