It (2017) + It: Capítulo 2 (2019)



Hay películas que llegan como un globo rojo flotando... estáticos, a media altura y suavemente, sin mecerse a cada golpe de viento: intuyes que algo pasa, algo raro, y que si lo sigues… es muy posible que no lo pases muy bien. "It" (2017), dirigida por Andy Muschietti, no fue solo una nueva adaptación de la obra monumental de Stephen King, sino que se convirtió en un fenómeno cultural que devolvió el terror a la gran pantalla como evento colectivo. Dos años más tarde, "It: Capítulo Dos" cerró el círculo, completando una bilogía que debe verse como un todo, con sus altibajos, logró algo que parecía difícil: reinterpretar uno de los relatos más icónicos del terror moderno y hacerlo funcionar tanto para fans veteranos como para nuevas generaciones.



La primera entrega la vi hace mucho, en su estreno (y bien acompañado)... casi han pasado diez años. La segunda la vi ya en VOD (no recuerdo en que servicio, ni cuando ni como exactamente). Recientemente me ha dado por revisionarlas... y tras ver la primera no he podido contenerme y he tenido que ver la segunda seguida (HBO, gracias), y mantengo mis opiniones de hace diez años (casi). Aguantan el tipo y, sobretodo la primera entrega, es un peliculón.

Cuando en su momento, se anunció el proyecto muchos (y me incluyo) levantamos una ceja al estilo de Spock. La sombra de la miniserie de 1990 con Tim Curry interpretando a un histriónico Pennywise marcando época era alargada (y eso que no es de mis favoritas, pero reconozco que marcó a mucha gente) y sobretodo, adaptar un libro de más de mil páginas lleno de saltos temporales, muchos personajes con historias corales o íntimas, abusos con momentos inadecuados (ejem... esa "orgía" que menos mal han obviado en cada adaptación...), horrores metafísicos o momentos muy cerebrales para ser una simple historia de terror, parecía algo de adaptar como intentar pasarse el videojuego "Dark Souls" solo usando los pies (y los jugones saben de lo que hablo). Pero no, Muschietti y su equipo, con una mezcla de respeto absoluto y espíritu renovador construyeron un díptico que no solo funcionó en lo que a "sustos" se trata, sino que emocionó, hizo reír y devolvió la sensación de aventura a un género a veces demasiado preocupado solamente por los sustos baratos, los que yo llamo "sustos de bu" ("jumpscares" para los que les mola las palabrejas en inglés).


La premisa de "It" es sencilla en apariencia (hay mucho más detrás): En el pueblo de Derry, en Maine (EEUU, como no); un grupo de niños marginados (el "Club de los Perdedores") se enfrenta a una entidad maligna que adopta la forma de sus peores miedos, especialmente la de un payaso siniestro llamado Pennywise. Pero bajo esa capa de horror sobrenatural late una historia sobre amistad, crecimiento, trauma y resistencia ante el mal. Es, en cierto modo, "Los Goonies" (1985, Richard Donner) si en vez de buscar un tesoro se toparan con una pesadilla lovecraftiana hambrienta de carne infantil, y en lugar de aventuras, sustos y momentos chungos por doquier.

En esta nueva iteración de la obra de Stephen King de 1986, en donde la primera parte destaca el guión por su ritmo impecable: Muschietti y su equipo decidieron centrar esta entrega únicamente en la infancia de los protagonistas, trasladando la acción a los años 80 (en lugar de los 50 del libro original). Una jugada maestra porque conecta de inmediato con la nostalgia ochentera que series como "Stranger Things" de Netflix (2016) habían puesto en boga recientemente entonces (hay uno de los actores que repite protagonismo, Finn Wolfhard). El resultado es un una historia de "crecimiento" macabra, donde las bicicletas y las linternas se mezclan con cadáveres flotantes y alcantarillas oscuras llenas de susurros.

Cada miembro del Club tiene su arco personal bien definido, y aunque es cierto que algunos personajes brillan más que otros (Richie, interpretado por, justamente Finn Wolfhard, roba cada escena con sus chistes como desahogo cómico), pero todos contribuyen a esa sensación de grupo real, con dinámicas naturales y conflictos creíbles. La química entre ellos es el auténtico corazón de la película, y la verdad funciona muy bien, y el trabajo de los niños es absolutamente brillante, en todos ellos.

En el Capítulo Dos (estrenado dos años más tarde), el salto temporal de 27 años lleva la historia a la adultez de los personajes. Aquí el guion juega con la idea de la memoria reprimida, el trauma no resuelto, la dificultad de enfrentarse al pasado y el cambio a la edad adulta. La estructura es más ambiciosa y arriesgada: alterna escenas presentes y flashbacks que completan huecos de la infancia no vistos en la anterior entrega, profundizando aún mas en los personajes. Es cierto que el ritmo se resiente un poco (la película dura casi tres horas), pero me gusta cómo intenta reflejar la naturaleza fragmentada de los recuerdos. No es solo una lucha contra un monstruo, es una lucha interna por aceptar quiénes fueron y quiénes son ahora, y el cambio que supone, y lo que se deja atrás.

Y en las dos entregas tenemos a Pennywise (interpretado por un entregado Bill Skarsgård) que llega a equipararse al mítico Tim Curry en el mismo papel. Un payaso depredador, símbolo del miedo colectivo y, en ciertos momentos, casi una fuerza cósmica incomprensible, heredera directa del terror cósmico de Lovecraft que King tan bien supo adaptar a su estilo.


Muschietti demostró desde la primera escena que no era una broma. La secuencia inicial con Georgie, el niño con el chubasquero amarillo, corriendo detrás de un barco de papel bajo la lluvia es ya historia del terror moderno: elegante, precisa, con un crescendo que pasa de lo entrañable a lo inquietante en cuestión de segundos. Esa combinación de ternura infantil y horror brutal es el tono que marcará toda la película y la secuela (o conclusión de la historia, realmente)

La puesta en escena juega constantemente con el fuera de campo, los espacios cotidianos convertidos en trampas y la cámara que se mueve como si fuera una criatura acechante. Hay un uso inteligente del montaje, especialmente en la primera parte, que alterna momentos de camaradería juvenil con irrupciones súbitas de lo terrorífico. La fotografía, a cargo de Chung-hoon Chung, equilibra la calidez nostálgica de los veranos ochenteros con sombras densas y encuadres que parecen sacados de un cuento macabro.

Los efectos especiales son una mezcla de CGI y efectos prácticos muy bien combinados. Bill Skarsgård con su Pennywise es un prodigio físico: su mirada desviada (algo que, naturalmente puede hacer desde la niñez, aquí aumentado con efectos especiales a veces), la sonrisa antinatural, los movimientos casi insectoides… todo contribuye a que el personaje se sienta vivo y amenazante. Y cuando entra el CGI, suele hacerlo para amplificar el terror, no sustituirlo. Hay escenas que me parecieron tremendamente efectivas, y eso que hoy en día ya empieza a notarse los efectos CGI, pero sigue funcionando y muy muy bien.

En el "Capítulo Dos", el tono visual se mantiene, aunque se nota un aumento de ambición y más contenido CGI. Algunas secuencias son directamente típicas de un "blockbuster" de terror, con coreografías de cámara complejas y un uso del espacio que recuerda a "Pesadilla en Elm Street" por su capacidad de deformar la realidad sin perder coherencia interna. Sí, hay un exceso digital que canta más que la peluca de un cosplay barato, pero en general, el nivel técnico es altísimo, y sigue funcionando hoy.

A destacar la elección de los actores. En la versión adulta eligieron unos actores que, se parecen muchísimo a sus contrapartes infantiles. Bill Hader como el chistoso Richie (substituyendo al personaje de Finn Wolfhard), Jay Ryan como Ben "el nuevo" (para el personaje de Jeremy Ray Taylor), Andy Bean como el serio Stanley (en lugar del personaje de Wyatt Oleff), James Ransone como Eddie, el hijo de una hipocondriaca (en lugar de Jack Dylan Grazer), Isaiah Mustafa como el apartado Mike (substituyendo a Chosen Jacobs), Teach Grant como el abusón con "problemas", Henry Bowers (en lugar de Nicholas Hamilton) Jessica Chastain como la necesitada de atención Beverly (substituyendo a  Sophia Lillis) y James McAvoy como Bill, el hermano del desaparecido Georgie (para el personaje de Jaeden Martell). Decir que, justamente los dos últimos son los que menos se parecen físicamente... pero el resto, parecen la versión adulta del mismo actor. Un trabajo de casting impecable, no solo por el parecido, sino por calidad actoral, todos destacables.


Vayámonos a la música (eso que no falte, nunca). Benjamin Wallfisch firma la música de ambas entregas, y su trabajo es uno de los elementos más subestimados de la dos películas. La banda sonora es un viaje emocional que alterna delicados temas melódicos (asociados a la infancia y la amistad, y a esos tiempos que ya no volverán) con pasajes de tensión orquestal, con inyecciones de efectos sonoros, voces y deformaciones de sonidos estridentes que te hacen agarrarte a la butaca. El tema principal, con ese motivo casi de nana maliciosa se te queda pegado en la cabeza como un tema de Koji Kondo y sus "Zelda", pero interpretada en modo menor.

Wallfisch entiende que el terror no solo se construye con sustos, sino con atmósfera. La música nunca busca sobresalir gratuitamente; acompaña, anticipa y, en los momentos clave, golpea como un yunque sonoro perfectamente sincronizado con las imágenes. El diseño sonoro también merece mención: las voces susurrantes, los sonidos más nimios que no sabes de donde salen, los ecos… todo contribuye a un entorno inmersivo que funciona incluso si cierras los ojos. Escuchar de manera aislada con buenos auriculares las películas de "It" es como pasear por "Silent Hill" con la niebla cubriendo hasta los pies.


Las dos películas están plagadas de "easter eggs" para el fan atento. Hay referencias directas a otras obras de King (¡aquí está Johnny!), homenajes velados a la miniserie original (incluido un cameo muy simpático) y detalles que conectan con la iconografía del terror clásico. El traslado a los 80 en la primera parte permite además colar guiños culturales por doquier: pósters, videojuegos, películas… es un festín para los nostálgicos que peinamos canas.

Me encanta cómo algunas escenas recuerdan directamente a "Los Goonies" en su estructura: el grupo explorando lugares prohibidos, enfrentándose juntos a peligros sobrenaturales, aprendiendo a ser valientes. Es como si alguien hubiera decidido mezclar el espíritu aventurero de Spielberg con las pesadillas húmedas y retorcidas que exploran la iconografía de Lovecraft. Y funciona, funciona la mar de bien.

"It" y su segunda entrega, "It: Capítulo Dos" forman una de las adaptaciones más sólidas y ambiciosas de Stephen King en décadas. No son perfectas (la segunda parte es más irregular en ritmo y algunos efectos digitales chirrían), pero el equilibrio entre terror, aventura y emoción las convierte en experiencias memorables. Muschietti supo modernizar la historia sin traicionar su esencia, crear un Pennywise icónico para una nueva generación y, lo más importante, recordarnos que el miedo más profundo no siempre viene de monstruos externos, sino de las sombras que arrastramos dentro.

Para los fans del libro, hay suficientes guiños y respeto a la mitología original como para sentirse en casa. Para los espectadores casuales, la primera parte es una puerta de entrada perfecta al terror con alma. Y para los frikis hardcore… encontraréis detalles que os harán pausar la película para cazarlos todos como si fueran "Koroks" en el "Zelda: Breath of the Wild".

Como extra, próximamente se estrenará en HBO la serie " It: Bienvenidos a Derry", precuela directa de estas películas en la cual repite (según tengo entendido, un poco a regañadientes al inicio) Bill Skarsgård como Pennywise, y con Muschietti dirigiendo algunos episodios y produciendo. Esta vez nos traslada a los 60 del anterior siglo, antes de lo sucedido en las películas (y el libro, narrativamente hablando). Una nueva historia "de origen". Tras el último (y bastante decepcionante) trabajo de Muschietti (ese descafeinado y pasado de vueltas "Flash", que pintaba más a obra de estudio que no de autor). Tengo ganas de ver que sacan... o que consiguen hacer. También repite Benjamin Wallfisch en la música (temas principales, al menos), con lo cual... volvemos a Derry.

En mi escala personal, estas películas flotan alto, muy alto. Porque, al final, todos flotamos aquí abajo… y vaya si flotamos... disfrutando.

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