Hoy es un día especial, o eso tendría que decir… pero bueno, soy un poco raro, así que… lo habitual sería que saliese de mi boca la frase “hoy es un día cualquiera”, un miércoles cualquiera… pero no, en verdad algo especial si que es el día de hoy… un poquito al menos…
La mitad del camino (más o menos) siempre hablando de la media “humana” (hasta ahora por lo menos). Los cuarenta.
¿Día para celebrar? Se supone que debería. Mi cuarta década en este mundo y siempre he oído que cumplir los cuarenta es especial… para bien y para mal. Aunque para mi el cumplir años nunca ha sido nada especial en realidad. Para mi es un día cualquiera… (¿veis? he dicho que no lo diría al principio y aquí está) es más, de pequeño no me gustaba el día de mi cumpleaños (preguntad a mis padres, lo pueden corroborar…). Siempre lloraba y me enfadaba cuando me cantaban el “cumpleaños feliz”.
Eso sigue sin gustarme, el que me canten esa canción (o cualquier variación de ésta) y no es porque no me agrade la cancioncita de marras o que me tome a mal el “subir de nivel” y volverme más viejo… nada de eso, es simplemente que no me gusta que me la canten A MI y listo (no, no hay nada de segundas ni nada más extraño que eso), y sobre la “fiesta”… no tiene (ni tenía) mayor gracia que solamente recibir los regalos que me traían, y si, he puesto “traían”; de eso hace tiempo que no recibo (no porque no me hagan, sino porque no los quiero), la época de los regalos que me ilusionaban pasó hace mucho ya. Ahora ya me hago yo mismo los regalos y no espero al día de mi cumple para ello…
Hablando de regalos; hoy seré yo quién haga el regalo (los que me conocen saben que soy de hacer regalos, no es nada inaudito) y será este texto, un texto abriéndome un poco al mundo, cosa que servirá para dos cosas: una, para los que creen que me conocen, me conozcan un poco más “de verdad”, y los que no, aunque sea por morbo, lo hagan y me conozcan un poquito.
Y dos, me servirá un poco de “terapia”, de desahogo; cosa que creo que necesito desde hace tiempo ya y no me he atrevido a hacerlo hasta ahora; no porque no haya encontrado cuando y con quién hacerlo, no; simplemente porque no me sentía con ganas, al menos hasta hoy.
Quién dice “hoy” dice a lo largo de varios días, semanas y meses… la escritura de este texto no ha sido rápida ni cosa de unos minutos, no, es un texto que ya avanzo no será muy corto ni fácil de leer... es más, ya por adelantado, disculpas por el “tostón” que se viene.
“Abrirme” he puesto más arriba, palabra que puede tomarse de muchas maneras… pero la de hoy es literal, lo digo de manera totalmente sincera.
Nunca me he abierto al mundo de la manera “mirad, mirad en verdad como razono, como pienso; como soy en realidad”. ¿Motivo? Varios; uno es lo que poco que puede importar a la gente el como soy, no interesa ni tiene porqué hacerlo. Otro motivo sería, bueno, digamos que tengo encima lo que hoy llamarían “traumitas”.
Si, “traumitas”, un, según el diccionario, choque emocional que produce un daño duradero en el inconsciente. Es eso que hace que uno cambie el como es… porque eso hacen en verdad los traumas; te marcan, te modifican, te dejan huella, te hacen cambiar… te dan un carácter que posiblemente sin ellos no tendrías, aunque lo mío más que cambiarme me han creado casi de raíz, me han hecho ser lo que hoy soy, o al menos, en lo que se refiere a carácter y formas ante el mundo y en como me enfrento a él y a como me comporto ante los demás.
Empecemos a “abrirnos”. Abramos un poco la puerta, no mucho que refresca…
Los más cercanos (muy, muy cercanos) saben que mi niñez no fue muy bonita… aclaro que en la parte familiar si, mucho y muy dulce.
De casa, de esa parte no tengo nada que quejarme ni que criticar. Decir que la suerte de nacer en donde he nacido ha sido mucha, muchísima.
Quiero a mis padres, mis abuelos, mis tíos y demás familiares (incluso algún primo que veo de uvas a peras) y me he sentido siempre arropado por ellos, incluso a veces demasiado y dentro de “algodón” algunas veces. No tengo ninguna queja de ellos, todo lo contrario. Mucha, mucha suerte he tenido.
Cierto que en un lugar luminoso siempre hay algo que lo puede volver un poco más oscuro (la perfección no existe) pero es tan pequeño que hace que el resto sea tan brillante, tanto, que lo único que puedo hacer es dar gracias a lo que sea que me haya permitido tener la familia que tengo y estar a su lado, en lo bueno y en lo malo; y tenerlos a mi lado siempre.
Pero mi niñez fuera de la familia no fue tan agradable ni bonita para nada, la verdad.
Los que me tratan casi a diario saben algo, sea por comentarios o por mis opiniones sobre algunos temas, sino algo ya se intuye, de que soy una persona sensible en muchos temas, y desde siempre lo he sido, incluso a veces hasta limites bastante soporíferos en algunos de esos temas.
Además de niño era extremadamente tímido y muy responsable, como si una persona “mayor” estuviese atrapada en un cuerpo de niño; y eso de niño, siendo niño, era algo bastante “fuera de la norma”.
Añadir que tenia una voz muy, muy aguda antes de pasar la edad del pavo (que la pasé atormentando en casa como un valiente gilipollas, insulto que siempre me ha hecho gracia; enfrentándome a mi madre casi sin sentido a diario… bueno si, tenia un sentido, y es que de carácter somos ambos iguales y como bien dicen, los polos iguales se oponen…), con lo que así con esa voz y siendo tímido, callado y serio, muchos me veían como una niña (en una carroza de disfraces en las fiestas de mi pueblo, siendo muy pequeño, carroza de temática sobre las cuatro estaciones y la naturaleza, yo yendo disfrazado de abejorro, los que me veían en la carroza desfilando decían que yo era la “Abeja Maya”… y ya sabemos que la “Abeja Maya” no era masculina, y menudo cabreo me cogí…).
Tener esa vocecita y ser tremendamente tímido y serio era una mezcla bastante explosiva para un niño, y más en los 80/90.
Para colmo, era uno de esos “bichos raros” que hoy se ven por las escuelas e institutos, creo que cada vez más (gracias a que la sociedad se ha abierto un poco más a ciertos arquetipos personales).
Era un niño que no le gustaba el futbol (y sigue sin gustarme) ni el deporte en general, ni verlo ni practicarlo. Adoraba leer tebeos de “Burguera” (“Mortadelo y Filemón”, “Zipi y Zape”, “Carpanta”, “El Botones Sacarino”, “Super López", etc.) y jugar con muñequitos, figuritas, aunque fuesen de goma cutre de quiosco como un “He-Man” sin ser realmente un “He-Man”, un “G.I.Joe” más falso que una moneda de 300 o un “Spiderman” descolorido que nunca me habían comprado y a saber de donde había salido.
Y esos muñequitos creaban historias, películas e historietas que se materializaban en el interior de mi cabeza en donde yo hacia todas las voces y escribía todos los diálogos; incluso realizaba los efectos de sonido y componía la música.
Creaba historias y las materializaba al momento y me introducía en ellas, dejando todo lo demás fuera. Todo.
Era feliz en mi mundo de fantasía, pero fuera de éste no lo era tanto…
Hoy la palabra “bullying” es una palabra muy bonita y bien que se llenan la boca en las instituciones y los medios como algo a erradicar, algo malo, dañino.
Hace 30 años no existía y lo llamaban “cosas de niños”.
Si, “cosas de niños”. Quién más quién menos lo ha sufrido o ha formado parte de ello directa o indirectamente. “Cosas de niños”.
En mi caso, puedo decir que tengo hoy el carácter que tengo en mucha parte por esas “cosas de niños”.
No entraré en muchos detalles (tampoco puedo, por suerte se han ido borrando de mi mente muchas de las cosas que viví) pero digamos que de una clase de 24, yo era el hazmerreír de toda la clase, el blanco de toda burla, acoso, golpe y abuso. Si, incluso las niñas me despreciaban.
Siempre he tenido un sentido de “ortodoxia” y rectitud demasiado marcado. Si algo está prohibido, es peligroso o malo, no se hace. Siempre he cumplido (demasiado) las normas. De muy, muy niño ya era así. No por miedo (a excepción de lo “peligroso”), sino porque mi cabecita no aceptaba lo que estaba fuera de las normas. Llamadlo ser demasiado estricto, recto o tener una “manía”. No respondía mal a los adultos, no me enfrentaba a nadie y evitaba (o eso intentaba) cualquier tipo de conflicto, ni verbal ni físico; hacía todo lo que me decían y mandaban… y me sentía bien con ello, me sentía pleno. El resto de “compañeros” eran justo lo contrario y eso me hizo ser diferente al grupo siempre.
Además, el ser un niño “esmirriado” con un altísimo nivel de vergüenza y tener algunos miedos (miedo a la oscuridad y a las alturas) no ayudaron, al menos a mi persona, sino que ayudaron que el resto… bueno, que fuese la diana de toda burla, desahogo o desfogo de todos ellos, siendo el único de 24 alumnos que reunía un cóctel emocional que el resto no tenían, con un carácter totalmente diferente al suyo, sirviendo de “sparring” a su merced para cualquier cosa que se les ocurriese.
Estuve solo y me sentí solo; no tuve ningún tipo de apoyo, pero ojo, cuidado; mis padres se preocuparon y ellos si estuvieron y me dieron apoyo, pero yo nunca dije lo que realmente ocurría en esas clases… y el problema estaba ahí, fuera de casa y no dentro... incluso mis padres me preguntaron muchas, muchas veces si quería cambiar de centro escolar y yo me negué en redondo cada vez que me preguntaron. También se enfrentaron a profesores y al sistema escolar, pero siempre recibían la misma respuesta: "son cosas de niños”, ya pasará, es sólo una etapa.
En verdad, a estas alturas, como he dicho, muchas cosas me han desaparecido de la mente de lo que me ocurrió (y repito, suerte de que se me han “eliminado”) pero mantengo unas cuantas que aún hoy me duelen al recordarlas… recuerdos tontos de niñez dirían algunos. Si, tontos…
Recuerdo… recuerdo que en mi escuela había un bebedor de agua en la parte trasera del edificio, uno que estaba algo elevado y teníamos un apoyo con una barra, un tubo que servía de escalón para los más pequeños llegar sin problemas y poder beber. En el recreo (o tras la clase de educación física) era habitual que se formasen colas no cortas para poder beber a voluntad el agua refrescante que salía.
Recuerdo un día que estaba yo en la cola como los demás; un día cualquiera.
Entre empujones (no recuerdo la edad, pero no era muy muy pequeño) al llegar mi turno y me disponía subir a ese tubo para poder beber, de pronto el mundo empezó a dar vueltas. Algo me agarró por la espalda y tiraba de la ropa. De sopetón y tras perder el mundo de visita, noté un intenso dolor en la cabeza, muy intenso en la parte superior del cráneo.
Alguien por detrás me había agarrado por la ropa y me había hecho una llave de judo, karate o lo que fuese y me lanzó al suelo con toda su fuerza haciendo un arco en el aire. Siendo yo un chico delgado (aunque alto para mi edad) que no llegaba ni a los cincuenta kilos de peso era fácil de levantar y lanzar por los aires…
Un griterío de carcajadas inundó la zona, seguida de más empujones violentos hacia mi estando en el suelo, y de repente golpes, esta vez en todo el cuerpo, con gritos ensordecedores en mis oídos mientras estaba en el suelo, soportando todo como podía, cubriéndome como podía con los brazos y piernas multitud de golpes que iban a por mi mientras gritaban.
No recuerdo como salí de ahí, pero si que volvimos a clase y que yo iba sucio y con la ropa desaliñada. Los profesores no dijeron nada (tampoco era tan raro volver del patio y ver a un niño sucio con la ropa algo mal puesta, ¿no?), se ve que tenia algún rasguño por la cara y me mandaron a "curarme" en el baño. No era grave, un arañazo "por jugar" seguramente. Nada de importancia.
Por supuesto, al llegar a casa mi madre al verme me preguntó por lo que había ocurrido (se me notaba magullado y muy sucio por ser yo, que odiaba ensuciarme), con lo que, avergonzado, dije que en clase había tropezado y caído (recuerdo haber dicho exactamente eso). La cosa quedó ahí (al menos para mi). Es un recuerdo tonto, eran “cosas de niños” por supuesto. Nada más.
Pero aún lo recuerdo… y demasiado bien.
Otro recuerdo, este bastante más grave (involucra directamente un profesor) fue en la clase de “gimnasia” (“educación física”, aunque la llamábamos así en nuestro centro).
Como bien he dicho yo no era muy dado al ejercicio (pese que mi padre me apuntó a fútbol sala una temporada… pero poco duré), además de ser un “esqueleto” andante, para colmo, tenia terror (y me mareaba) al ponerme cabeza abajo… ni siquiera para hacer una simple “voltereta” (aún hoy tengo ese mismo pánico) con lo que en según que ejercicios en clase de educación física me dejaban fuera… o simplemente a un lado con otra cosa más “light", así que en la clase de “educación física” era aún más “bicho raro” ante los demás.
Añadir que era un niño “tranquilo" y servicial ("gracias", "por favor" y hacer lo que me pedían) y que no armaba barullo y me comportaba formalmente en clase, cosa que me hacia (otra vez) ser "diferente" ante los demás, ya que el resto de clase eran todo lo contrario a eso…
Pero hubo un año (era bastante pequeño, en primaria) en que cada vez que terminábamos la clase de educación física (y si en ésta se hubiese dado uso a colchonetas) todos, TODOS los de clase terminaban sobre mi, en un montón, como si fuese una fiesta “final de clase” pero sólo para ellos.
De golpe y sin avisar (o avisando de que “vamos a terminar” del profesor), a grito pelado y lanzándose todos sobre mi como si yo fuese una colchoneta más, de cualquier manera ni miramiento, uno detrás de otro terminaban haciendo una montaña de niñas y niños que duraba un par de minutos y luego, mediante risas interminables se iban retirando lentamente, y como si nada a por la siguiente clase del día.
Unas risas aseguradas para todos y para el profesor. Carcajadas y disfrute. Jolgorio. Os aseguro que nada de eso lo era para mi…
¿Porque a mi y solo a mi? No lo sé… ¿por ser un “bicho raro”? Nunca lo hicieron a ningún otro niño (o niña). Sólo a mi. ¿Motivo? No lo sé y nunca lo supe, ni nunca lo sabré.
No recuerdo cuando ese profesor dejó la escuela, pero lo agradecí y mucho… aunque creo que sólo lo tuve un año como profesor de ”gimnasia”… no lo recuerdo bien, es un recuerdo muy vago. Hoy ya no recuerdo ni su nombre y en parte lo agradezco… seguro a estas alturas ya debe estar jubilado.
Esto son dos recuerdos que aún tengo y no se me van de la cabeza. Dos de tantos… Lo pasé mal, muy mal… me sentí muy solo (aunque conecté con varias personas que consideré amigos que así como vinieron, se fueron) y me resguardé en lo que me daba tranquilidad y evasión de ese tormento que sufría día si y día también: mis entretenimientos; ver series de TV de animación, leer tebeos, leer libros, jugar con videojuegos y escuchar música.
Aunque nadie lo sepa (tampoco lo aireo mucho), el salir a dar un paseo por la naturaleza siempre tuvo un atractivo para mi,y lo sigue teniendo. El aire puro del campo o de un bosque siempre me ha dado fuerza, alivio y una gran paz interior. Me aporta desconexión, tranquilidad.
De muy pequeño jugar al exterior me encantaba, y con los amigos que tenia (pocos) salíamos a jugar fuera bastante, pero poco a poco me fui quedando en casa cada vez más y más, evadiendo lo que “en el exterior” me molestaba y me hacia daño… la gente.
Porque si, empecé con miedo y terminé odiando el exterior, su gente. No quería saber nada de ellos.
Rehuía de los enfrentamientos que tenía que soportar (que la mayoría de veces eran desiguales, por supuesto) así que terminé por salir poco de casa, evitando problemas y "peleas" (palizas, acoso e insultos que recibía mejor dicho), y me recluía a mis entretenimientos, leer, mirar la tv, escuchar música o jugar con mis juguetes. Incluso llegué a dibujar algún cómic o escribir alguna historieta corta con máquina de escribir (a mano no, tengo una caligrafía espantosa…).
Y cuando realmente conseguí liberarme por completo fue al pasar de la escuela primaria de mi pueblo al instituto en una ciudad cercana. Desaparecieron de mi vida al fin esas personas que me habían tratado de esa mala manera, que por aquel entonces ya los evitaba, ahora más.
Recuerdo que los primeros días de instituto, en que éramos todos nuevos, se rejuntaban en grupo los del pueblo, los de mi antigua clase, porque se sentían ajenos a toda la novedad del instituto y sus gentes. Estaban ellos sentados en un banco la mayoría, todos esos (o la gran mayoría) que se metían conmigo, me golpeaban, acosaban o insultaban en mi pueblo.
-. ¡Hey! ¿No quieres venir con nosotros?
Ni respondí. Ni me giré. Los ignoré por completo. Allí no eran los reyes del Mambo, sólo eran uno más.
Y es que mi antigua clase era tan “especial” que ni viaje de estudios “al uso” tuvimos… fuimos a un hotel con más que pocas actividades (tres o cuatro y rollo “campamento” light unos días y a casa) y siempre my controlados. Nos tenían con tan baja estima (y con tan negativa impresión) que en el colegio éramos nombrados como “la peor clase de la escuela” por los propios profesores, y eso fue en todos los años que estuve allí, en mi pueblo…
Pero tengo que ser sincero, he podido tratar con alguno de ellos a posteriori, siendo adulto, y tengo que decir que si, la gente crece y cambia, pero no deja que tenga esos recuerdos y remordimientos dentro que me hicieron ser como soy hoy… y tampoco falta decir que algunos siguen siendo tan gilipollas como lo eran entonces, pero eso es la esencia del ser humano: ser gilipollas no siempre puede curarse.
¿Siento rencor? No lo niego, si… ha pasado el tiempo, cierto, debería “pasar página”, y realmente lo he hecho, pero lo pasé tan y tan mal, que no consigo olvidar del todo…
Y si, esa niñez me marcó… seguía con la “ortodoxia”, la vergüenza y el miedo, si, pero en el instituto pude abrirme más, no me sentí acosado y seguía con mis gustos: animación, libros, cómics, videojuegos y música.
Sobre los videojuegos (cosa que muchos saben que es unas de mis pasiones hoy) no tiene mucha historia especial que contar… viene porque de muy pequeño me compraron bastantes juegos LCD (aparatos portátiles a pilas que eran los “abuelos” de las videoconsolas actuales) que eran simples juegos repetitivos (no daban más de si) y su jugabilidad se basaba en superar una puntuación y poco más. Eso me tuvo bastante entretenido de muy niño.
Más adelante llegó una "Atari 2600” clónica (no era ni oficial ni realmente era una Atari), era una videoconsola para la TV con píxeles con pocos colores y del tamaño de un puño. Tropecientos juegos guardados dentro de su memoria (muchos repetidos con variaciones mínimas entre ellos) y dos joysticks con un solo botón, duros como ellos mismos. Con eso ya empezó a maravillarme el tema de "las maquinitas"… y no sólo a mi, mi padre jugaba de vez en cuando sólo.
Más adelante me regalaron una “Nintendo NES” (regalo de mi comunión) con la cual llegué a coleccionar más de 20 juegos originales (gracias a regalos que me fueron haciendo mis familiares)… siendo algo que cualquier niño hubiese alucinado, imaginad yo como lo hacía…
Ya con la llegada de la “Game Boy” original (el ladrillo gris) mi pasión por este entretenimiento estaba marcado… y hasta hoy que sigue, que mantengo mi ocio con “maquinitas” varias, incluso algunas que me transportan a esos tiempos de las videoconsolas primigenias de principios de los 90 o incluso más atrás.
Sobre la lectura, pues era un crío que pasaba mucho tiempo leyendo, además leyendo cualquier cosa, fuese lo que fuese. Cómics leía muchos, tebeos sobretodo españoles, como “Mortadelos” y sus ediciones variadas con diferentes autores y fragmentos de series. Luego leía libros. Mi madre estaba subscrita al “Circulo de Lectores” y llegaban libros a casa cada poco. Yo devoraba cualquier libro, no solo los que nos obligaban a leer en la escuela, sino que incluso llegué a leer en su totalidad a corta edad “El Quijote” de Cervantes (en su versión original, no resumida para niños) o incluso “La Biblia” (este no por fe, sino por simple lectura para pasar el rato. No fue divertido…). Incluso en el 93 (10 años tenia) me leí el libro de “Jurassic Park” de Michael Crichton tras ver la película, no siendo un libro pequeño (ni tampoco para niños…).
Mis gustos sobre libros fueron decantándose a poco hacia los relatos más bien cortos, o al menos a historias de menor duración, a libros no tan “tochos”.
Empecé a ir a la biblioteca del pueblo en busca de nuevas lecturas (aunque eso de “prestar” no iba conmigo) y descubrí a Edgar Allan Poe, a H. P. Lovecraft… y entonces ya empecé también con libros de películas que veía, como “Frankenstein” o “Dracula”, o alguno sobre un tal “Allan Quatermain” o un tal “Conan el Cimmerio”… y me fui quedando en ese tipo de lecturas, normalmente novelas góticas o de aventuras, sobretodo del género “Pulp” con relatos no de muy larga duración. Y ahí sigo hoy…
Sobre la música, de pequeño mi padre escuchaba mucha música de la gran cantidad de cassettes que tenia, alguna vez (la mayoría estando yo presente) música clásica, como Vivaldi, Strauss o similares. Clásicos básicos y populares en verdad. También tenia cassettes con música de películas, sobretodo de películas del “oeste” o selecciones variadas de cine comercial de su tiempo y los ponía muchas veces, más que la clásica.
Recuerdo un cassette con la música de “La Muerte tenia un Precio” de Ennio Morricone, otro con un variado de películas como “La Condesa de Hong Kong”, “la Misión” y demás películas hoy consideradas clásicas. También solía escuchar música de “Los Pekenikes”, un grupo instrumental de los 60. Ya en exclusiva para mi, ponía algo que desapareció con el tiempo: los cassettes infantiles.
Mis padres me compraron bastantes de estos cassettes con música infantil, pero a diferencia de los demás niños, que tenían cassettes de “Parchís” (grupo infantil de los 70/80) a mi me trajeron cassettes con las introducciones de las series de animación del momento (de la década mejor dicho). “Mazinger Z”, “La Abeja Maya”, “Heidi”, “Vicky el Vikingo”… y más contemporáneos míos, como “Campeones”, “Supergol”, “Isidoro”, “Daniel el Travieso” o “Los Diminutos”…
Porque si, también miraba mucha animación, tanto la que emitían por TV como la que me alquilaban mis padres en el videoclub del pueblo. Consumía animación casi todo el tiempo. “David el Gnomo”, “D’Artacán y los Tres Mosqueperros”, “El Inspector Gadget”, “Conan el Niño del Futuro”, cualquiera. Adoraba los dibujos animados, fuesen lo que fuesen.
Eso hizo que me interesase por la música de las series que veía y las películas (la mayoría de animación), y eso fue pasando a películas y series que no eran de animación, sino de imagen real.
“McGuyver”, “Starsky y Hutch”, “El Equipo A”, “V”, “El Quijote”… series que emitían por la TV y mis padres miraban y que me dejaban mirar con ellos (en ese sentido tuve nula restricción, nunca me prohibieron ver la TV a no ser casos muy drásticos, pero recuerdo haber visto desnudos por TV y escenas de películas de terror sangrientas, así que mucho problema con eso no tuve, y tampoco me ha afectado en exceso…) Así que empecé a interesarme con la música que sonaba en esas producciones.
Tampoco ayudaba que mi padre tenia un hobby… un hobby que traía un poco de dinero a casa. Al poco de nacer yo, y a sus treinta y pocos años fue jubilado anticipado por minusvalía (sin ser nombrado minusválido) por un problema en las vértebras. Era un joven deportista y que estaba MUY en forma (fue subcampeón de Baleares de lanzamiento de peso en 1972), pero que excesos en levantar peso trabajando le destrozaron la espalda.
Mi madre, además, de muy niña operada múltiples veces de los oídos con una sordera crónica (además de extracción de varios tumores de su cuerpo) y ella tampoco contó con ayudas por minusvalía, y ambos con un niño (nacido no sin muchos esfuerzos e intentos por concebirlo) se enfrentaban a la vida del día a día, algo muy duro.
El “hobby” de mi padre era el de video aficionado. Le ENCANTABA el grabar con su cámara VHS lo que fuese. Animales, flores, a su mujer tomando el sol, su hijo jugando, ir de paseo familiar por la playa o a su suegro recogiendo naranjas en su finca en las afueras.
Técnicamente no sabia nada (no tuvo una vida de estudios ni mucho dinero para ello en casa, así que no estudió demasiado en verdad), pero se entretenía con esto, jugando y preguntando a compañeros (estuvo en el primer canal de TV local de la isla, “Tramuntana TV”) y llegó a dirigir su “hobby” a ganar algo de dinero en grabar “BBC” (Bodas, Bautizos y Comuniones).
En verdad no era un trabajo real (tampoco podía serlo por su “jubilación anticipada obligada”) y no traía un dineral a casa, pero ayudaba a pasar mejor los meses y él se divertía y entretenía (y no pensaba sobre su maldita “jubilación anticipada”).
Uno de mis recuerdos que tengo es el de llevar puesto un disfraz de “Superman” (que ni era nuestro, era prestado de unos amigos de mis padres) del queyo siempre quería ponerme sólo la capa.
El recuerdo (y que debe estar en alguna VHS aún… y algún DVD) es el de yo, con pocos años, con el disfraz puesto estar sonriendo todo el rato a cámara y levantando los puños bien alto, hacia arriba, mientras de fondo y sonando distorsionada y con más ruido que otra cosa, oírse la introducción de la película de 1978 “Superman” protagonizada por Christopher Reeve, sacada por supuesto directamente de la propia película en alguno de sus pases por TV.
Si, mi padre también era un “friki” y le encantaban estas cosas. Superhéroes, ciencia-ficción, pelis de aventuras; cosas así. Me pasó sus gustos (o la mayoría).
De aquí viene también mi cariño por “Superman”, el cual a mi padre le encantaba… y el motivo de por que llamo a mi padre “Mi Superman”, aunque se lo digo más porque ha tenido que superar y aguantar muchas cosas como un “superhéroe”, y en verdad, es mi superhéroe.
Cuando tuve un poco de uso de razón empezó a usarme como “su ayudante” en su “hobby". Entended lo de “usarme” de la manera más cálida posible. Le ayudaba a poner la música de cassette dándole al “play” del reproductor, eligiendo él música instrumental (no podían ser canciones cantadas porque debía oírse hablar a los del video), por lo que me interesé más por la música instrumental, sobretodo las orquestales.
En ese momento el tema “copyright” era algo que poco importaba si no lo mostrabas al mundo… y esas cintas no salían del ámbito doméstico, así que no era problema.
Tampoco tenia mi padre un súper equipo técnico… era más bien escueto y básico (ni siquiera la cámara era de formato “profesional”), pero se defendía con buen gusto y buen hacer, aunque técnicamente no fuese nada del otro mundo… tampoco cobraba como un profesional, sino más bien a la baja. Era su “hobby”, y solo ayudaba un poco en casa. Mi madre era la que realmente trabajaba (y la única que podía legalmente hacerlo) en un una sucursal de una fábrica textil de ropa interior femenina.
Cuando nos “modernizamos” y nos pasamos a CD, entonces yo ya tenia más edad y mi padre me dejaba elegir a mi los temas para poner en sus videos. Ya aprendí de él su “estilo”, así que seguí su estela.
“Compact Disc” no teníamos muchos, teníamos muy pocos al principio, pero me dejaron marca.
Recuerdo uno que me fascinaba… una portada violeta y una cara pequeña en su centro. “Dances with Wolves” de un tal John Barry. No sabia de que era pero había unas pistas que eran preciosas.
Más tarde al descubrir que era la música de una película, “Bailando con Lobos” más me enamoré de ella (y tras ver lo gran película que era, más).
Por ese tiempo me regalaron tres vinilos. No tuve más. Uno de “Los Cazafantasmas 2”, que eran todo canciones en inglés, algunas aparecidas en la película y muchas con otras que no. Otro era un disco infantil con temas sobre cómics. Canciones sobre “Mortadelo y Filemón”, “Carpanta” y demás personajes del cómic español de la época. No estaba mal. El tercero era la BSO de “Indiana Jones y la Última Cruzada” de John Williams.
Yo era FAN de Indiana Jones (incluso llegué a dibujar cómics emulando al personaje).
Dios mío, llegué a rayar ese disco de tantas y tantas veces que lo escuché… incluso me hice varias copias en cassette para llevar con el walkman y escucharlo en todas partes… y alguna de esas cintas me la cargué de tanto reproducirla… era un fanático total del personaje y para colmo me encantaba esa música.
Aquí ya entra otro tema, y es que a tal palo, tal astilla.
Los gustos se pegan… sobretodo si de pequeño te lanzan a éstos sin miramientos como hizo mi padre. Como bien he dicho, a mi padre le gustaba este tipo de películas, y yo de bien enano que las veía todas… y me encandilaron de mala manera.
Indiana Jones, Conan el Bárbaro, Robocop, Depredador, La Guerra de las Galaxias, Star Trek, Flash Gordon… eso miraba mi padre y yo a su lado, aunque no fueran adecuadas para mi edad, las disfrutaba.
Pero mi madre tampoco se quedaba atrás. Como he dicho, “somos igualitos”; de carácter fuerte y explosivo. "Mal genio" dirían algunos.
Mi madre pasó también una mala infancia, se la pasó la mayoría enferma y separada de las demás por su “desdicha”, aunque siempre la apoyaron para ser una más y recibió el calor del abuelo y abuela como si el Sol estuviese a pocos centímetros de ella. Su sordera nunca fue un impedimento para ser “una más” y eso le hicieron saber, aunque a veces se diese por vencida por su “limitación” y pasase por muchos, muchos momentos duros, pero a la larga lo olvidaba y volvía "al ataque” y seguía adelante.
También su “dolencia” hizo que su carácter a veces fuese esquivo y ajeno, pero no por ello la hace alejarse de los demás. Como ella dice, pasó una juventud con sus amistades maravillosa, sin “barreras” e incluso adelantada a su tiempo y trabajando duro para seguir adelante siempre. Aunque ella no lo crea, suele acercar a la gente, suelen "buscarla" para estar con ella y más últimamente que no antes, y creo que porque empieza también a hacer un poco de cambio y cada vez es menos esquiva y ajena. Y eso me alegra de sobremanera, la verdad.
Pero mi madre y yo no coincidimos en gustos, con mi padre si, y eso me acerca más a mi padre en muchas cosas, aunque madre sólo hay una y la quiero con locura (aunque no se lo diga tantas veces como ella quisiera).
Yo seguí con mis gustos, influenciado por mi padre (y por mi tío, todo hay que decirlo), además en el instituto conocí a muy buenos amigos que aún algunos hoy soportan mi existencia.
Éramos una panda (muy pequeña) de inadaptados, los “freaks”, los “geeks”, pero no los “empollones” pero casi (en verdad yo nunca destaqué en los estudios… es más, iba “justito” en todo excepto en las asignaturas que me atraían, como la de inglés o la de “bellas artes”). Éramos unos completos “frikis” y yo seguía siendo un “bicho raro” como antaño, pero no me sentía desplazado ni acosado, sino arropado y no único y “diferente”. Me sentía bien, a gusto.
Veíamos juntos películas del videoclub de terror o de animación. Jugábamos a videojuegos de cualquier índole, pasando horas frente al PC con juegos chorras (y no tan chorras) o en videoconsolas de esa época (aunque personalmente tuve antes, me desligué de éstas una temporada a favor del PC, pero gracias a ellos hola “Master System II”, hola “Super Nintendo”… hola “Dreamcast”, hola “Nintendo 64”) o nos intercambiábamos lecturas de cómics (sobretodo “Manga” japonés) y mirábamos y debatíamos sobre series de animación japonesas que eran juveniles tirando a adultas, pero que se emitían como “infantiles” entonces, como “Bola de Dragón”, “Sailor Moon”, “Ranma 1/2” o “Kenshin, el Guerrero Samurai”;. También veíamos y hablábamos sobre películas que emitían en la televisión catalana por la noche en un programa llamado “Manga”, tales como “Akira”, “Lensman”, “Golgo 13” o “Porco Rosso” por poner unos ejemplos.
Éramos auténticos “frikis” y no éramos conscientes de ello (un poco si cuando fuimos de viaje al “Salón del Manga” de Barcelona) y nos comportábamos algo diferentes a los demás. No salíamos mucho, no íbamos de copas a bares, discotecas o pubs (alguna vez lo hicimos, pero en contadas ocasiones). Al cine si que íbamos y bastante, eso si… con nuestros “gustos” especiales siempre. Incluso llegamos a jugar a “Rol de ficha” (al “Runequest”), aunque yo fui el culpable del quedarme rezagado en eso y dejarlo de lado (y eso que me gustaba) y ellos siguieron sin mi. Era divertido.
En verdad, nuestro trato con los demás, con la sociedad, era mas bien pobre, pero en realidad yo era el que más, ellos si que tengan mejor trato con la gente.
A mi no me divertía el salir de fiesta o al bar… al poco rato me aburría de sobremanera el estar sentado o sin hacer nada fuese donde fuese, en un banco, un Pub o una Discoteca.
Decir que en casa nunca han sido de “cultura de bar” de ir a hacer un café y charlar con la gente… así que nunca me ha atraído eso, ni siquiera para hacer solamente un café por tomar café.
Tampoco ayuda mi antipatía hacia los demás, cosa que seguía activa… estar con otra gente (con mucha) me producía rechazo, vergüenza, con lo que huía de fiestas locales o “verbenas”. Aún hoy siento ese rechazo… no lo voy a negar. Menos, pero sigue estando ahí.
Me costaba socializar, conectar con más gente. Se me hacía una bola solo el pensar que habría más gente que no conocía. Me sentía muy incómodo y lo evitaba a toda costa.
Ayudaba a ello el tener vergüenza, mucha vergüenza. Yo seguía con mi “traumita” de las “cosas de niños” y no me sentía cómodo en el exterior, aunque si me sentía cómodo con mi grupo (muy reducido) de amigos que, hay que aclarar, todos ellos, al principio no me cayeron nada bien...
Cuando los conocí o me parecieron detestables u odiosos, o simplemente parecía que no coincidíamos en gustos, y al poco, cuando yo me abrí un poquito, entonces “ligamos” en algo, en algún gusto u opinión, y entonces ya éramos compañeros, y al poco amigos inseparables.
Ya dicen que las primeras impresiones suelen acertar... en mi caso, con las personas, algunas veces no es así, no siempre la primera impresión es la correcta… aunque el 90% así sea.
Abramos un poco más la puerta... ¿del armario? No hay armario que abrir... lo siento por los que pensabais que me iba a abrir al mundo y declarar que soy “gay” tras lo de “sensible”. Tengo más que claro que no lo soy.
Me gustan las mujeres y tengo una pequeña (y no tan pequeña) obsesión por los pechos grandes (todos tenemos nuestras fantasías sexuales…). Lo siento si os he decepcionado (o no, realmente).
Decir que mi “sensibilidad”, mi timidez y mi forma de ser reservada solía confundir bastante a la gente... al punto que en el instituto, un compañero de clase se me declaró pensando que era como él, "gay".
Menos mal que me lo tomé bien... y que tampoco le hice un "feo" cuando lo hizo…
No tengo nada contra los “gays” y lesbianas, pero yo soy 100% heterosexual. No me busquéis por ahí que no me encontraréis.
Que no hable de mujeres, que no sea un “machote” y piropee a la pechugona que pasa por la calle o que no alardee de “follar” por las orejas, o no comente con más chicos de como está esa rubia de la esquina no significa que no me fije en según que cosas o que no sepa de ellas. Simplemente me parece inadecuado hacerlo y son temas que no me gusta sacar “porque si” en las conversaciones. El sexo me parece algo privado entre dos personas, no algo para “chulear” delante de la gente. Opinión personal, claro está.
Tampoco es que sea un tío “echao p’alante” y ligotee con cualquier chica que tenga delante que me resulte mona… todo lo contrario.
Soy tímido (sigo siéndolo) y me cuesta horrores establecer conversación con una persona, sea del género que sea, imaginad con una chica que me parezca atractiva… es como intentar abrir un bote de pepinillos con una motosierra, no va a llegar a buen puerto.
Sobre “amoríos”... he tenido alguno, sobretodo yo he sido el enamorado (¿tener un "crush" lo llaman hoy en día?). También he tenido pareja formal y fue una época que fui muy, muy feliz, pero que terminó y aún no sé casi ni cómo ni por qué... y ya ha pasado tiempo de eso, pero es un tema que aún no estoy preparado para hablarlo.
Hoy por hoy sigo igual, me sigue costando abrirme hacia los demás y con las chicas tengo un problema añadido... nunca he sabido como reaccionar ante ellas ni como tratarlas.
Mi relación con ellas en la escuela de pequeño no fue bueno, en el instituto fue testimonial... y hoy cuando tengo que "ligar" es un grave problema, aunque creo que es algo que todos pasamos por ello ¿verdad chicos?. Si añades la timidez y no saber sacar tema de conversación, el ligar se convierte en un dramón de cuidado, uno de esos dramas griegos infumables.… Ya los días que me siento solo, apaga y vámonos…
Pero no sólo ligar, sino mantener una conversación normal… a veces parezco idiota (¿o lo soy?) y doy una impresión equivocada… y no sólo ante las féminas, también ante los hombres.
Y en (no) pocas lineas os he contado en grandes pinceladas como mi forma de ser se fue gestando, aunque evolucionó mucho al empezar a trabajar, aunque reconozco que los primeros años fui bastante insufrible por varias razones, una de ellas por ser un completo imbécil histérico.
Siempre he sido una persona nerviosa, tensa. El miedo constante a los demás, el ser responsable en exceso (¿locuras de juventud? Ni una… si tengo que contar “batallitas” no tengo nada que contar…) y el no fiarse de nadie (ni de mi mismo), siendo un completo inseguro ante todo hacía, provocó que fuese un maldito histérico, un manojo de nervios que incluso afectó a mi cuerpo físico con problemas intestinales y estomacales.
A la mínima estallaba, pero lo hacía a lo grande. Salía mi mal genio por cualquier tontería… por nimia que fuese la cosa. Eso y mi inseguridad era una mezcla explosiva que llegaba incluso a gritar como un poseso por alguna gilipollez.
Soy persona de hablar fuerte, lo reconozco (ayuda el estar en una casa con una persona sorda a la que tienes que hablar a un nivel superior al normal), pero si añades que mi tono de voz suele parecer “de enfado” el 90% del tiempo, aunque no lo esté… malo.
En mi “edad del pavo” mis discusiones por tonterías con mi madre eran a grito pelado (y siento realmente vergüenza de ello), y al parecer esa mala praxis se alargó hacia más adelante, incluso llegando a mi trabajo alguna vez…
No es que gritase a todo quisqui en el trabajo, sino que me ponía muy nervioso porque me sentía muy responsable de lo que hacia y quería la perfección (otra cosa que arrastré durante mucho tiempo, el pretender llegar a la perfección), incluso a veces hablaba un poco de mala manera (sin perder el respeto, eso nunca) siendo bastante “borde”, sin tener paciencia para aguantar nada.
Tampoco ayuda que si me gritan se me cruzan los cables y me bloqueo mentalmente, así que en mis inicios en mi trabajo, que además mucha gente trabajaba (y lo sigue haciendo) a gritos me ponía aún más tenso… y pasaba más tiempo de mal humor que otra cosa.
No ayudaba el tener que hacer trabajos que no me gustaban… pero trabajar es eso, a veces hacer cosas que te gustan y otras que no… pero es cierto que el 95% de mi trabajo son cosas que no disfruto (hoy sigue siendo igual, en verdad). ¿Pues porque sigo trabajando de lo que trabajo?
Pues será porque en realidad algo me gusta…
De muy niño quería ser director de cine. Esas historias que mi mente creaba, desarrollaba y ponía en práctica con mis juguetes se expandieron y quería seguir contándolas. Mi madre cada vez que me oía decir que quería ser director de cine mostraba en su tez una sonrisa triste. ¿Como vas a llegar a eso, hijo?
Por suerte para ella al crecer un poco más cambié de opinión y quise ser dibujante de cómics.
Seguía con mi sueño de “contar historias” aunque esta vez fue mi muñeca la que truncó mi sueño… no soy bueno dibujando, para nada, más bien soy más que mediocre… y aunque hice bachillerato de bellas artes, lo hice por una razón: para meterme en el medio audiovisual.
Lo de hacer videos con mi padre me atrapó y fascinó y al parecer tenia gracia uniendo imágenes y seleccionando la música para ellas. Sabia narrar historias con imágenes y que éstas tuviesen un mínimo de sentido. También tenia algo de ojo con el encuadre y la composición visual.
Cuando mi padre me regaló su viejo VHS con una camarita (la primera que tuvo en realidad, que se le quedó anticuada) siendo muy niño empecé a hacer cortometrajes, algunos incluso animados en “stop motion” (muy cutremente y sin nada de técnica) y con los amigos de la época, grabarnos haciendo el capullo delante de la cámara, siempre contando historias basadas en las que veíamos en los dibujos animados de la tele, o versionando esas películas que me dejaban alucinado como Indiana Jones o “La Guerra de las Galaxias”. Y yo disfrutaba como lo que era, un niño pequeño jugando con un juguete algo caro.
Por en medio de todo eso me dio también por escribir… escribir historias cortas, cuentos… cosas sencillas y de fácil lectura. Eso de leer mucho también me empapó para querer narrar por la vía de las palabras.
Escribía a máquina (mi caligrafía siempre ha sido peor que la de un médico… según la palabra de un profesor que tuve, era porque mi mente iba más rápido que mi mano. Por eso a veces también casi tartamudeo o al hablar se me giran algunas palabras… o eso me dijeron), y la verdad es que disfrutaba muchísimo. En realidad era una extensión de las ganas que tenia “de contar historias”.
También escribí algún que otro poema y tengo que reconocer que en la escuela e instituto, en las redacciones destacaba (no por mi caligrafía ni ortografía, sino por mi narrativa). Me gustaba, y uno de mis sueños, esfumados por el tiempo, era el de escribir algún día un libro. De momento no ha ocurrido… aunque a veces sigo escribiendo alguna historia corta u poema, que suele quedarse perdido por el disco duro de mi ordenador… me sigue gustando escribir, lo admito (a este texto me remito).
Ya de mayor y al terminar el instituto, pensando ya algo más en serio a que quería dedicarme profesionalmente, me metí en un grado superior de “Formación Profesional de audiovisuales y espectáculos”. La universidad estaba descartada porque mi nivel de estudios no llegó a una nota suficiente… me quedé a una décima para pasar “la Selectividad” (ya dije antes que de “empollón”, nada). Lo de siempre, no me esforzaba en las cosas que no me gustaban… y eso me pasó factura.
Pero tuve suerte y ganas con el grado superior. Estaba en mi salsa y tuve la mayor nota de mi curso, y no lo digo por ponerme medallas, sino para poder decir que destacaba en algo y ese algo era en contar historias mediante imágenes, mediante la “edición de video”.
Y tuve todavía más suerte. Terminé esos estudios en 2005, justo cuando arrancó la televisión autonómica de Baleares, “IB3 TV”, con lo que justo se necesitarían técnicos de lo que acababa de estudiar para “llenar” esa nueva cadena.
Pero se ve tengo una flor en el culo… como fui un “destacado” de mi curso me enviaron a TVE Illes Balears en donde hice las prácticas del grado superior, y allí caí en gracia.
Un productor me dio un día un papelito, un “post-it” con un nombre y un número de teléfono.
-. Toma, llama a este número. Un amigo mío está buscando a gente para hacer un programa para la autonómica que está a punto de arrancar.
Tardé una semana en tener valor y de llamar a ese número. Era el número de mi actual jefe. Buscaba a gente joven para arrancar un magazine en falso directo para la nueva cadena que iba a arrancar. Era el magazine que se emitió como pruebas antes de arrancar realmente la cadena de verdad, “Ja hi som tots!”.
De ahí al cabo de unas semanas empecé a editar mediante “Avid” (sistema que nunca había visto… y espero no volver a ver), editar un programa de imágenes aéreas de las islas baleares, “Balears des de l’Aire”. Y desde entonces sigo allí.
Hoy, en el momento de escribir este texto, llevo 18 años que empecé a “currar” en esa empresa. Ya otro día os hablaré de mi curro más a fondo…
Y yo era un histérico. Un amargado. Un manojo de nervios. Un barril de dinamita a punto de explotar.
Me tomaba muy, muy en serio mi trabajo, demasiado. Buscaba ser perfecto, que todo fuese perfecto y eso me ponía aún más nervioso, más tenso y de mal humor.
Pero me calmé… o mejor dicho, me calmaron.
Cuando tuve pareja, esta me enseñó a calmarme… me tranquilizaba. Realmente ella me tranquilizaba. Cambié mucho mi forma de ser.
No me convertí en un “pasota”, sino que me lo empecé a tomar de otra manera. Evolucioné, muté, sufrí una especie de metamorfosis y para bien.
Ya no me ponía tan tenso, ni tan nervioso. Aunque quería realizar un buen trabajo, ya no buscaba la perfección absoluta. Y todo eso hizo que ya no me fuese tan borde ni me pusiera de mal humor.
Empecé a tomarme mis fallos como “algo normal” y no me lo tomaba tan a pecho.
Estaba más tranquilo, feliz. Estaba en paz.
Cuando ella se fue, tuve una pequeña recaída a ese modo “histérico"… además caí en una pequeña espiral auto dañina una buena temporada… pero llegué a aderezar un poco mi mente y dejé de caer, y empecé a usar una autodefensa que, puede no fuese muy buena idea su uso, pero que en verdad llevaba usando bastante tiempo atrás, pero no de forma tan constante.
Empecé a usar el humor, per sobretodo la ironía y el sarcasmo para casi todo.
Desde muy joven empecé a usar la ironía de manera muy presente en mis comentarios y opiniones.
Siempre he pensado que la culpa la tuvo la influencia de series británicas y su “humor inglés”, como “La Víbora Negra”, “Alló Alló”, “The Brittas Empire” (“El Perepunyetes” en catalán), “La Pareja Basura” o “Los Jóvenes” (todas esas series que vi en la autonómica catalana de pequeño), pero sobretodo y por la bastante posterior serie “Friends”… me sentía muy identificado (erróneamente) con la personalidad de Chandler Bing (cuando en verdad me he dado cuenta de que mmi personalidad es más cercana a la de Ross Geller…) e intentaba usar su tipo de humor en cualquier situación… fracasando estrepitosamente por supuesto.
Entonces, como forma de defensa ante mi inseguridad y timidez usaba (y uso) comentarios sarcásticos u irónicos con mayor frecuencia. Hoy ya me salen solos sin pretenderlos… cosa que tampoco es bueno (sobretodo en el trabajo… que se me puede ir la pinza de muy mala manera a veces) ni tampoco son comentarios muy graciosos, es más, son chistes malos (o eso me dicen) ni tampoco son muy ingeniosos, pero uso el humor constantemente para sobrellevar lo que me va acompañando años y años y no consigo quitarme de encima: mi forma de ser tan cerrada ante los demás.
Sigo siendo una persona tímida, aunque cada vez menos. Me cuesta horrores el saludar a alguien si nos cruzamos por la calle, aunque intento ponerle cura a eso.
Sigo siendo un “friki” con mis gustos raros, escuchando música de películas y jugando a videojuegos por las tardes libres.
A veces me siento sólo, pero eso es otro tema a tratar y ahora mismo (juntos otros temas) no estoy muy dado a hablar de ellos. Para terapia de verdad, otro día (y otro lugar)…
Eso si, si me veis por la calle y ni os saludo, no es que no quiera hacerlo, es simplemente que en verdad no os veo… mi “mecanismo de defensa” de ignorar a mi alrededor sigue encendido aunque no lo pretenda. Ya ni a propósito lo hago…
Ya sabéis que evitaba a los que una vez me hicieron daño y empecé a ignorarlos… pues con eso empecé a ignorar a todos a mi alrededor cuando iba con la calle.
Si, eso me hace una persona “muy simpática”… hoy en día es algo que hago inconscientemente, el evitar todo a mi alrededor. Ya si voy con gafas de sol y auriculares… estoy en otro mundo, literalmente (aunque eso realmente lo busco).
Si, hay cosas que debería cambiar de mi persona… pero poco a poco, o eso quiero intentar.
Una de ellas es el maldito carné de conducir… llevo desde los 18 que he intentado (sin éxito ni ganas) el sacármelo… ¿por que me cuesta tanto?
Un secreto… tengo miedo a conducir. Mover un coche unos metros, bien… el pensar en meterme en tránsito con otra gente, a más velocidad o el cambiar de marchas… me entra pánico… como pánico que tengo a las alturas (a veces me da incluso “vértigo”, un mareo impresionante). Es una cosa que no puedo controlar y me supera.
Sobre en carné… quiero pensar que algún día me lo sacaré (eso quiero pensar), es algo “mental”, cierto… lo de las alturas ya si es algo que no tiene cura… y también es algo mental.
Y creo que hasta aquí voy a llegar… Ya he contado muchas cosas que no había contado antes y que nunca he aireado por ahí… y si has llegado hasta aquí, sea por morbo o por simple curiosidad, ¡enhorabuena! Te has zampado un texto de más de nueve mil palabras… texto que como puse al principio, fue gestándose lentamente y a lo largo de bastantes días y que es mi regalo para vosotros, mi regalo de cuarenta aniversario. Un regalo atípico, lo sé . ¿Pedante? No era la intención, más bien todo lo contrario… soy una persona más bien introvertida y no suelo hablar sobre mi a menudo.
¡Así que Felicidades!
Dejo cosas pendientes, bastantes. Cosas colgadas, cosas a medias.
Cosas que tengo que hablar con unas personas y cosas que debería hablar con otras…
Espero poder algún día completar esas “cosas pendientes” (para no convertirme en fantasma al morir, pero sobretodo para arreglar errores del pasado).
Pero eso será fuera de este texto. Es otra historia.
Ahora ya si, “Fin”, que va siendo hora, ¿no creéis?
Me despido. Supongo que si has llegado hasta aquí tienes un ligero aprecio por mi persona (o un morbo alucinante y enfermizo a estas alturas del texto).
Puedo ser raro, friki, idiota, o simplemente ser un niño tímido que tiene pánico a muchas cosas y se siente inseguro ante todo y todos, y a veces con un poco de "mal genio" y poca paciencia, pero sobretodo, quiero ser un amigo, un compañero y nunca querré mal a nadie (ni a nada), más bien todo lo contrario. Si puedo ayudaré con todo lo que pueda y más. Aquí estoy para lo que sea y para quién sea. Que éste texto sea mi regalo para vosotros no es más mi manera de decir que os aprecio más de lo que podéis llegar a pensar.
Gracias por estar ahí y estar conmigo, de todo corazón.
Buenos días, buenas tardes y buenas noches. Un fuerte abrazo, larga y próspera vida y que la fuerza os acompañe, siempre. Nos vemos, espero.
- Xisco T. Bauzà.
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